EL OBJETIVO DE ESTA PÁGINA

Recuperar los Sermones de San Bernardo de Claraval para facilitar su conocimiento y divulgación. Acompañar cada sermón con una fotografía, que lo amenice, y un resumen que haga más fácil la lectura. Intentar que, al final de esta aventura intelectual, tengamos un sermón para cada día del año. Un total de 365 sermones. Evidentemente, cualquier comentario será bienvenido y publicado, salvo que su contenido sea ofensivo o esté fuera del tema.

lunes, 12 de mayo de 2014

SERMO QUINTUS ASCENSIÓN: De magnanimitate et longanimitate et unanimitate

De magnanimitate et longanimitate et unanimitate

Capítulo 1 


       San Lucas nos recomienda, en breves palabras, tres virtudes de la Iglesia primitiva. Después de la ascensión del Señor nos dice que todos se dedicaban a la oración en común esperaban el consuelo celestial que les había prometido. ¡Admirable grandeza de ánimo la de este pequeño rebaño, privado de la protección de su pastor! Convencidos de que se cuida de ellos y les prodiga las atenciones de un padre, insisten con sus fervientes plegarias al cielo. Saben muy bien que la oración del justo atraviesa las nubes, y que el Señor atiende los ruegos del pobre y los colma con toda clase de gracias.
      Pero perseveraban también con gran longanimidad, como dice el Profeta: Aunque tarde, espéralo, que ha de llegar sin retraso. Y la unanimidad está tan a la vista que ella sola merece los carismas del Espíritu divino. Dios no quiere la desunión sino la paz, y que todos vivan en una casa con idénticas costumbres.

                                              Capítulo 2 


       Por eso atendió el Señor su deseo y no defraudó su esperanza: eran magnánimos, longánimos y unánimes. Pruebas inconfundibles de la fe, esperanza y caridad. ¿La magnanimidad no es fruto de la fe? Sin duda alguna, y además exclusivo de ella. Si se pretende algo sin fe, eso no es grandeza de espíritu, sino vano engreimiento y esfuerzo inútil. Si quieres saber cómo siente un hombre magnánimo, escucha: Para todo me siento con fuerzas, gracias al que me robustece.
      Hermanos, hagamos nuestro este triple modo de prepararnos, si deseamos recibir la medida rebosante del Espíritu. A todos se da el Espíritu con medida, menos a Cristo. Pero cuando la medida es tan desbordante es imposible calcular. La magnanimidad de nuestra conversión fue un hecho evidente. Que la longanimidad sea ilimitada, y reine la unanimidad en toda nuestra vida. La jerusalén celestial quiere restaurarse con almas de fe robusta que soporten la carga de Cristo, de esperanza invencible para perseverar, y unidas por el amor que es el cinturón perfecto.
RESUMEN
Debemos esperar con magnanimidad, longanimidad (durante largo tiempo y sin prisa) y con unanimidad (sin tensiones y disensiones internas). Esa es la forma de hacer frente a las tensiones de nuestro tiempo y cómo los cristianos (ya minoría) pueden mantener su criterio frente a la “masa del siglo”. Sólo la fe y el cinturón del amor nos hará actuar de esta manera.

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