EL OBJETIVO DE ESTA PÁGINA

Nuestro objetivo es recoger la mayor parte de los sermones de San Bernardo de Claraval. Al mismo tiempo, añadir iconos y resúmenes que faciliten la lectura. Progresivamente LAS ENTRADAS SE IRÁN ADAPTANDO A LOS TIEMPOS LITÚRGICOS DE CADA AÑO Y PERFECCIONANDOSE EN CUANTO A SU ORTOGRAFÍA Y A SUS RESÚMENES, de tal manera que su ubicación sea significativa.



Nota(1): Desde Noviembre del 2012 (inclusive) los sermones se van colocando para el día en que fueron redactados. En ese mes llamará la atención que hay dos dedicados a San Malaquías que coinciden con el día de los fieles difuntos. La festividad de Cristo Rey no existía en aquellos tiempos. Fue instaurada en 1925.



Nota(2): Los Sermones sobre el Cantar de los Cantares se agrupan, progresivamente, en el día 1 de Septiembre del 2012

jueves, 13 de julio de 2017

LOS PREDICADORES DEBEN SUAVIZAR EL SABOR AMARGO DE SU DOCTRINA


1. Se pasaba hambre en aquella región, y los hijos de los profetas estaban sentados junto a Eliseo, que les mandó cocer un caldo. Cuando lo probaron exclamaron: ¡Profeta, este sabe a veneno! Y no pudieron tragarlo. Entonces Eliseo ordenó: traedme harina. La echó en la olla y dijo: sírvelo a la gente. Lo comieron y el caldo ya no sabía amargo. 
 El hambre de la tierra es la escasez de la Palabra de Dios en el espíritu humano. Los hijos de los profetas son los discípulos de los predicadores. Profeta es sinónimo de "vidente". Y no es un despropósito llamar profetas a los predicadores, pues contemplan los secretos de los misterios de Dios y aplican los remedios oportunos a las diversas conductas de los hombres.
 Eliseo quiere decir "salvación de Dios", nombre muy propio de cualquier prelado o doctor de la Iglesia, porque su palabra persuasiva anuncia la salvación del Señor y al anunciarla la transmite. En el desempeño de su oficio prepara una gran olla a sus discípulos, repleta de hierbas silvestres; es decir, los amonesta con palabras severas, saturadas de amargura, pero cocidas con el fuego del Espíritu Santo. Los discípulos se horrorizan ante la dureza de sus palabras y gritan: Esto sabe a veneno. Y son incapaces de tormarlo. 
2. Entonces el administrador sabio, en vez de traer él mismo la harina, la manda traer, porque no es él quien distribuye el amor, sino quien exhorta a procurárselo. Y con ese aderezo lo que antes resultaba amargo se torna dulce. El predicador puede proclamar los consejos de la salvación a los oídos de quienes le rodean; pero solamente Dios es capaz de infundir el sabor del amor en el paladar del corazón. Lo dice muy bien S. Gregorio: "Si el Espíritu no enseña en el interior, es inútil todo lo que intenta hacer desde fuera la lengua del maestro". El sabor del cielo es muy distinto al de la tierra. Y mientras buscamos los sabores de nuestra cocina, somos incapaces de apreciar el sabor del cielo. 
 En el desierto hay codornices y maná; es decir, en el lugar de la disciplina hay preceptos de mayor y menor importancia. Cuando los israelitas vieron el maná preguntaron: ¿Manbu? ¿Qué es esto? Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: es el pan que el Señor os da para comer. El contenido misterioso de este hecho se revela perfectamente en el Evangelio de Juan, cuando dice el Señor: Os aseguro que, si no coméis la carne del hijo del hombre...Muchos discípulos dijeron al oírlo: Este modo de hablar es intolerable, ¿quién puede admitir eso? Desde entonces muchos se alejaron de él. 
 Lo mismo ocurre con ciertas personas muy simples que desean abrazarse a la conversión, y les espanta el rigor de la Regla. Cuando se les habla de despreciar el mundo, de la incompatibilidad entre las virtudes y los vicios, o se les exige ser diligentes en las vigilias, perserverar en la oración o practicar el ayuno, murmuran y dicen: ¿Qué es esto? ¿Quién es capaz de tantas y semejantes cosas? Desconocean por completo el espíritu de la Orden en la que ingresan. Incumbe entonces al pastor decirles unas palabras de aliento e insistirles en que se procuren la harina. 
RESUMEN:
Hambre: escasez de la Palabra de Dios en el espíritu humano.
Profeta: vidente
Eliseo: "salvación de Dios"
Hierbas silvestres: palabras severas. 
 La Palabra de Dios a veces resulta dura y difícil de asimilar. Es como una comida silvestre a la que es necesario añadir un aditivo. Para endulzar lo que no se entiende, lo que resulta duro, cada uno tiene que buscar dentro de su propio espíritu, pues es necesario hacer más asequible el discurso, pero no valen palabras ajenas sino que el remedio tiene que surgir del interior de cada uno y es también diferente para cada persona. El discurso ajeno sólo será un estímulo para activar la búsqueda interior. 

domingo, 25 de junio de 2017









SERMON 11 

 I.-EXHORTACION A LA ACCION DE GRACIAS.—II. LA MATERIA PRINCIPAL DE LA ACCION DE GRACIAS ES EL MODO Y EL FRUTO DE LA REDENCION.—III. EL FRUTO DE LA REDENCION CONSISTE EN TRES COSAS.—IV. EL MODO DE LA REDENCION CONSISTE EN OTRAS TRES.


1. Al terminar el sermón anterior os dije, y no me pesa repetirlo, cuánto deseo que todos vosotros exhaléis esa sagrada unción que recoge los beneficios de Dios en la gozosa gratitud de la santa devoción. Esto es muy saludable; tanto porque ali­via las penas de la vida presente, al volverse más tolerables cuando vivimos la alegría de la alabanza de Dios, cuanto porque nada anticipa tanto aquí en la tierra la paz de los conciuda­danos del cielo como alabar a Dios con vivo entusiasmo. Así lo dice la Escritura: Dichosos los que viven en tu casa, Señor, alabándote siempre. Pienso que a este perfume se refiere prin­cipalmente el Profeta cuando dice: Ved qué dulzura, qué deli­cia, convivir los hermanos unidos. Es ungüento precioso en la cabeza. Pero esto no guarda relación con el primer perfume. Aquél es bueno pero no agradable, pues el recuerdo de los pecados deja amargura y no engendra alegría. Además los que lloran sus pecados no viven juntos, ya que cada uno llora y deplora sus pecados personales. Mas los que viven en acción de gracias, sólo miran a .Dios que atrae toda su atención, y por eso conviven realmente entre sí. Su actitud es buena, porque toda la gloria se la dan al Señor, a quien corresponde en justi­cia, y además es muy agradable por el gozo que reporta.

2. Así pues, amigos míos, os exhorto a que intentéis salir del molesto y angustioso recuerdo de vuestros pecados y ca­minéis por las sendas más cómodas del recuerdo sereno de los beneficios de Dios. De este modo, contemplándole a él, os aliviaréis de vuestra propia confusión. Mi deseo es que experimentéis el consejo del santo Profeta, cuando dice: Sea el Señor tu delicia y él te dará lo que pide tu corazón. Ciertamente es necesario el dolor de los pecados, pero no continuo. Hay que variarlo con el recuerdo más agradable de la ternura divina, no sea que la tristeza endurezca el corazón y acabe en desesperación. Añadamos algo de miel al ajenjo; la amargura será salu­dable y redundará en salvación sólo cuando pueda beberse suavizada con la dulzura introducida.
Escucha finalmente a Dios: él mitiga el sinsabor del cora­zón quebrantado, sacando al abatido del abismo de la desespe­ración, consolando al afligido con la miel de sus promesas y animando al desalentado. Lo dice por el Profeta: Moderaré tus labios con mi alabanza para no aniquilarte. Es decir: «Para que no caigas en una tristeza extrema al contemplar tus malda­des, para que desesperado no caigas como si te arrojara un caballo desbocado, porque perecerías, yo te contengo con el bocado de la brida, saldrá al paso mi indulgencia, te reconfor­taré con mis alabanzas. Tú que te ofuscas con tus males, senti­rás alivio en mis bienes y descubrirás que es mayor mi benig­nidad que todas tus culpas».
Si Caín hubiese sido detenido con ese freno nunca habría dicho en su desesperación: Mi culpa es muy grave y no merez­co el perdón. No, de ningún modo. Es mayor su ternura que cualquier iniquidad. Por eso el justo no se acusa incesantemen­te; sólo cuando comienza a hablar. E incluso al terminar con­cluye alabando a Dios. Ved, efectivamente, qué orden sigue: He examinado mis caminos, para enderezar mis pies a tus pre­ceptos. Encuentra primero el dolor de la contrición y de la desdicha en sus propios caminos, para gozar después en la sen­da de los preceptos de Dios, como si fuesen toda su riqueza.
Vosotros también, a ejemplo del justo, cuando os sintáis humillados, recordad igualmente la bondad del Señor. Así po­déis leer en el libro de la Sabiduría: Creed que el Señor es bueno y buscadlo con un corazón sencillo. El recuerdo frecuente e incluso habitual de la generosidad de Dios induce fácilmente al espíritu a pensar así. De otra manera, no sería posible cumplir lo que dice el Apóstol: Dad gracias en toda circunstancia, si se ausentasen del corazón los motivos de la gratitud. No quisiera echaros a cuestas aquella afrenta de los judíos con que los acusa la Escritura: que olvidaron las obras de Dios y las maravillas que les había mostrado.

 3. Pero jamás hombre alguno será capaz de traer a la memoria y recoger todos los bienes que el Señor piadoso y clemente derrama sin cesar sobre los mortales: ¿Quién podrá contar las hazañas de Dios, pregonar toda su alabanza? Que al menos los redimidos nunca olvidemos su obra primordial y más sublime, la de nuestra redención. A este propósito trataré de inculcaros de manera especial, y lo más sucintamente que pueda, dos cosas que ahora se me ocurren, acordándome de aquella sentencia: Instruye al docto y será más docto.
Se trata del modo cómo realizó la redención y del fruto que con ella consiguió. ¿El modo? El anonadamiento de Dios. ¿El fruto? Nuestra divinización. Meditar en lo primero es sembrar la santa esperanza; en lo segundo, incitar el amor su­premo. Necesitamos las dos cosas para avanzar en el espíritu: la esperanza sin amor sería servir por un salario; el amor se enfriaría si creyésemos que es infructuoso.

 4. Nosotros esperamos de nuestro amor el fruto que nos prometió aquel a quien amamos: Una medida generosa, colma­da, remecida, rebosante. A mi entender, una medida sin medida.
Pero me gustaría saber de qué será esa medida, o mejor esa inmensidad que se nos promete: Jamás ojo vio un Dios fuera de ti que preparase tantas cosas para los que le aman. Tú que lo preparas, dinos qué nos preparas. Nosotros creemos y confiamos de verdad, tal como lo prometes, que nos saciaremos de los bienes de tu casa. Pero ¿cuáles son estos bie­nes? ¿Consistirán acaso en trigo, vino y aceite, oro y plata o piedras preciosas? Todo eso ya lo hemos conocido, lo hemos visto y lo vemos, pero lo desechamos. Buscamos lo que ni ojo vio, ni oído oyó, ni hombre alguno ha imaginado. Eso es lo que nos complace, lo que saboreamos y nos deleita buscar, sea lo que fuere. Todos serán discípulos de Dios y él será todo para todos. En definitiva, la plenitud que esperamos de Dios no será sino el mismo Dios.

 5. ¿Quién podrá vislumbrar toda la dulzura que encierran estas cuatro palabras: Dios será todo para todos? Prescindien­do del cuerpo, percibo claramente en el alma la razón, la vo­luntad y la memoria: las tres constituyen su esencia. Todo el que vive guiado por el espíritu, sabe cuánto les falta para ser completas y perfectas estas tres facultades, mientras vivimos en este mundo. ¿No será porque Dios no es todavía todo para rodos? De aquí se deriva que la razón se engañe en sus juicios con tanta frecuencia, que la voluntad se vea sacudida por cuatro desórdenes, y que la memoria se desconcierte por sus mu­chos olvidos. La noble criatura se ve doblegada con este triple fracaso, no por gusto, aunque abriga una esperanza. Pues el que sacia de bienes todos los anhelos, será plenitud luminosa para la razón, torrente de paz para la voluntad, presencia eter­na para la memoria. ¡Oh amor, verdad, eternidad! ¡Santa feliz Trinidad! Por ti suspira desde su desgracia esta mi trini­dad, desgraciada por su infeliz destierro lejos de ti. ¡Con cuán­tos errores, sufrimientos y miedos se enredó por separarse de ti! ¡Ay de mí! ¡Cómo hemos trastocado esta trinidad contra la tuya! Siento palpitar mi corazón, y me duele mi ser; me abandonan las fuerzas, y me estremezco; me falta hasta la luz de los ojos, y caigo en el horror. ¡ Ay, trinidad de mi alma, te expatriaste al pecar y mira ahora tu gran desemejanza con la Trinidad!

 6. ¿Mas por qué te acongojas, alma mía, por qué te me turbas? Espera en Dios, que volverás a alabarlo cuando se aleje de la razón el error, de la voluntad el sufrimiento, de la memo­ria todo temor, y les revele lo que esperamos: una maravillosa serenidad, una dulzura absoluta, una seguridad eterna. Lo pri­mero será obra del Dios verdad, lo segundo del Dios amor y lo tercero del Dios omnipotencia. Así será Dios todo para to­dos, cuando la razón reciba la luz inextinguible, cuando la voluntad llegue a la paz imperturbable, cuando la memoria se acerque para siempre a la fuente inagotable.
Vosotros mismos sabéis asignar lo primero al Hijo, lo se­gundo al Espíritu Santo, lo tercero al Padre. Pero lo haréis sin sustraer nada de ello al Padre, o al Hijo, o al Espíritu Santo, de modo que la distinción de personas no menoscabe la plenitud, ni la perfección recaiga en detrimento de la propiedad. Consi­derad también si los que pertenecen a este mundo son capaces de experimentar algo semejante en los placeres de la carne, en los espectáculos mundanos y en las ostentaciones de Satanás; pues como dice Juan, así engaña esta vida a sus desgraciados secuaces: Todo lo que hay en el mundo es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y jactancia de los bienes terre­nos. Esto a propósito de los frutos de la redención.

 7. Si recordáis el modo de llevarla a cabo, dijimos que fue el anonadamiento de Dios; y os recomiendo que conside­réis otros tres aspectos. Aquel anonadamiento no fue algo tri­vial o insignificante; porque se vació de sí mismo hasta asumir la carne, la muerte, la cruz. ¿Quién ponderará suficientemente toda la humillación, la bondad y la condescendencia que supu­so el hecho de que el Señor soberano se revistiera de la carne, fuera condenado a muerte e infamado con la cruz? Dirá algu­no: « ¿ no pudo el Creador reparar su obra sin tanta complicación?» Claro que pudo; pero prefirió su propia afrenta. Así le ahorraba al hombre toda ocasión de incurrir en el pésimo y abominable crimen de la ingratitud. Asumió muchos sufrimientos que le inducirían al hombre a un gran amor. Y las dificultades de la redención le incitarían a darle gracias, cuando la facilidad de su creación le inspirase una devoción muy poco agradecida.
¿Cómo reacciona el corazón ingrato ante su creación? «Sí: he sido creado por puro amor, pero sin trabajo alguno de mi creador. Sencillamente, lo mandó y salí creado como el resto de la creación. Es muy valiosa. ¿Pero qué dificultad entraña un favor que sólo cuesta pronunciar una palabra?» Así desvirtúa la impiedad del hombre este beneficio de la creación, para justificar su ingratitud. Pretexta excusas para sus pecados, cuando debía haber sido un gran motivo de amor. Pero quedó tapada la boca de los que hablan inicuamente.
Es obvio como la luz del día cuánto le costó, hombre, tu salvación: pasar de Señor a siervo, de rico a pobre, de Verbo a hombre, de Hijo de Dios a hijo del hombre. No olvides nunca que te creó de la nada, pero no te redimió de la nada. En seis días lo creó todo y a ti entre todo lo creado. Mas tu salvación la consumó a lo largo de treinta años en este mundo. ¡Cuánto sufrimiento hubo de soportar! A los dolores de su cuerpo y a las tentaciones del enemigo ¿no se añadieron y acumularon la ignominia de la cruz y el horror de la muerte? Forzosamente. Así, así salvaste, Señor, a hombres y animales, y así derrochaste tu misericordia, oh Dios.

 8. Meditadlo y deteneos en ello. Respire estos perfumes vuestro corazón, tanto tiempo ahogado con la fetidez del pe­cado, y gozad estos aromas tan delicados como saludables. Mas no creáis que poseéis ya aquella excelente fragancia tan elogiada de los pechos de la esposa. La premura por acabar en seguida este sermón me impide detenerme ahora en este tema. Retened en vuestra memoria lo dicho sobre los otros perfumes y probadlo en vuestra vida. Ayudadme con vuestra oración, para que pueda exponeros dignamente lo que convenga a las delicias de la esposa y fomente en vuestras almas el amor del Esposo, Jesucristo Señor nuestro.

RESUMEN
Vivir siempre alabando al Señor produce un inmenso gozo, muy superior a la compunción de los pecados cometidos. Deben, pues, alternarse, la aflicción por los pecados cometidos con el inmenso gozo de la alabanza, así evitaremos caer en extrema tristeza.
Hay tres cosas importantes:
-Instruirnos, que nos hará más doctos
-El anonadamiento de Dios que es dejarnos llevar y apoyar en ÉL.
-El fruto de todo ello será nuestra divinización basada en el amor.
La plenitud que esperamos en Dios no será sino el mismo Dios. Que Dios sea todo para TODOS. 
Esperamos tres cosas:
-Una maravillosa seguridad
-Una dulzuza infinita
-Una seguridad eterna
La creación del ser humano no fue un acto sencillo para Dios sino que le generó intenso esfuerzo y dolor como nos enseña la pasión de Cristo. 


viernes, 17 de marzo de 2017

EL MISTERIO DE LA VIÑA DE DIOS


          Sermón 30 sobre el Cantar de los Cantares 


El misterio de la viña de Dios


Hermanos, si reconocemos que la Iglesia es la viña del Señor, nos damos cuenta que no es una prerrogativa pequeña haber extendido sus límites a toda la tierra.
A través de esta imagen veo a los primeros creyentes de los cuales se dice que «todos pensaban y sentían lo mismo» (Hch 4,32)... Porque la persecución no la ha tan brutalmente desenraizado que no haya podido ser replantada en otros lugares y alquilada a otros viñadores, los cuales, llegada la estación propicia, han hecho que diera fruto. No ha perecido sino que ha cambiado de suelo; mejor así pues ha ganado en fuerza tanto como en extensión, como la bendita viña del Señor. Hermanos, levantad los ojos y veréis «que su sombra cubre las montañas y sus pámpanos los cedros de Dios, que ha extendido sus sarmientos hasta el mar y sus brotes hasta el Gran Río» (cf sl 79, 11-12). 
No es sorprendente: es el edificio de Dios, el campo de Dios (1C 3,9). Es él quien la fecunda, la propaga, la corta y la poda para que dé más fruto. No va él a despreocuparse de una viña que su mano derecha plantó (Sl 79,15); no va a abandonar una viña en la que los pámpanos son los apóstoles, la cepa es Jesucristo, y el Padre es el viñador (Jn 15,1-5). Plantada en la fe, hunde sus raíces en la caridad; trabajada por la obediencia, fertilizada por las lágrimas de arrepentimiento, regada con la palabra de los predicadores, rebosa un vino que inspira el gozo y no la mala conducta, vino de muy dulce sabor, que en verdad rejuvenece el corazón del hombre (Sl 103,15)... ¡Hija de Sión, consuélate contemplando este gran misterio, no llores más! ¡Abre tu corazón para acoger a todas las naciones de la tierra!

RESUMEN

La Viña de Dios tiene sus raíces en la caridad; es cultivada con obediencia. Utilizamos las lágrimas del arrepentimiento para fertilizarla; es regada por la palabra. Al final reboza en vino y se extiende por toda las tierras. 





domingo, 12 de febrero de 2017

SOBRE ESTAS PALABRAS DEL SEÑOR: EL QUE SE ENSALZA SERÁ HUMILLADO


1. Todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado. Si reflexionamos atentamente, hermanos, encontraremos cuatro grados diverdos entre los hombres. Me explico: unos poseen la felicidad plena en el cielo, por la cual suspiramos; otros la relativa felicidad de este mundo, en que gemimos, y otros la más absoluta infelicidad en el infierno, que con razón tememos. Para decirlo más brevemente, existe la vida y la sombra de la vida, la sombra de la muerte y la muerte. Y como nosotros no nos hallamos ni en la cumbre ni en el abismo, tememos descender y deseamos subir, tanto más ansiosos cuanto que nos vemos más cercanos del grado ínfimo que del supremo.
 Mas he aquí lo que se nos dice: Todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será enaltecido. ¿Qué significa esta paradoja de exaltación y humillación? ¿No basta Señor, lo que nos humillas con tu verdad, que aún nos exiges que nos humillemos nosotros mismos? Todavía nos quedan muchas ocasiones de humillarnos, pero el que cae en ellas será incapaz de volverse a levantar; el que así se humilla no espere ser enaltecido. Efectivamente, nos humillaste en el abismo de la amargura y nos envolviste en tinieblas. Nuestra vida está al borde del abismo: ¿es posible humillarnos aún más? ¿Qué ganamos con morir y bajar a la fosa? Lo único que hay debajo de nosotros es la corrupción irreparable. Tras la sombra de la muerte sólo existe la muerte; tras el abismo de la angustia sólo aparece el ámbito de la muerte. 
2. El que se humilla, dice, será ensalzado. Si dijera: "el que sea humillado será enaltecido" me llenaría de gozo, pues me siento en verdad terriblemente humillado. Pero como dice: El que se humilla será ensalzado, me siento angustiado y no sé qué elegir ni qué hacer. Yo aquí no tengo una ciudad estable, ni me conviene continuar aquí, aunque estuviera permitido. Por otra parte, descender más es ir a la muerte. Estoy ya en un grado muy bajo, el penúltimo, y el siguiente es el infierno. Si desciendo a él, se acabó toda esperanza de subir; y si no me humillo tampoco podré ser elevado, pues solamente será ensalzado el que se humilla. Si opto por eso escojo la muerte, y en caso contrario se me niega la elevación y caigo también en manos de la muerte. Es difícil comprender este enigma. Más reflexionemos un poco en la primera parte.
3. Todo el que se ensalza será humillado. ¿Cómo podrá elevarse el que es humillado por la Verdad? No nos referimos al dónde, sino al cómo; pues lo que aquí parece estar ausente no es el lugar, sino la virtud. Repito que al hombre no le faltan lugares adonde elevarse, pero no tiene capacidad para realizarlo. Su deseo está ahí y muy vivo, pero sus posibilidades son nulas. Lo quieran o no, todos los humanos y todo hijo de Adán debe repetir: Con la verdad me humillaste. El que se humilla por la verdad es auténticamente humilde y si se ensalza actuará falsamente. Porque elevarse falsamente equivalea no elevarse.
 Demos gracias a Cristo que no dijo: "El que se ensalza será ensalzado". ¡Cómo nos eforzaríamos inútilmente en ello si lo creyéramos honesto, cuando ahora ni la misma impotencia de conseguirlo es capaz de frener nuestro apetito de gloria! Por eso, tal vez la frase: El que se ensalza será humillado no se refiere al fruto, que es nulo, sino al deseo, que es insensato.
4. ¡A cuántos vemos humillados, pero no humildes; castigados y no arrepentidos; curados incluso por Dios, y sin reparar aún la salud! Siguen creyendo que las espinas dan placer, disimulan los pecados que cometen, los escollos en que fluctúan las tinieblas que les ciegan, las trampas en que se mueven, el abismo de amargura en que habitan, el cuerpos mortal que soportan, el yugo pesado que arrastran, el peso aún más insoportable de su conciencia que ocultan y la terrible sentencia que les espera. 
 Así era aquel al que Juan, en el Apocalipsis, debe decir: Tú dices: soy rico y no me falta nada. Aunque no le sepas, eres desventurado y miserable, pobre, ciego y desnudo. Realmente, la elevación de los hombres es pura vanidad y mentira; como lo que ellos son: vanos y mentirosos. La verdad los humilla y la vanidad los eleva. Prefieren las tinieblas a la luz; se abrazan a la vaniad que los ensalza y van tras la mentira. En cambio, frente a la verdad qaue los humilla reaccionan con el disimulo y pueriles esfuerzos, y con todos los medios y modos posibles. 
5. ¿Hemos conseguido algo? Al menos hemos visto cómo se humilla verdaderamente al hombrfe. Es decir, apegándose a la verdad que le humilla, y, en vez de disimular, cooperando con ella con el dinamismo de su entrega personal. En adelante evitaré lo más posible la dureza del corazón; aceptaré con lágrimas mi dolor, no sea que, al hacerse insensible mi herida, se haga incurable. Seré un hombre que palpo mi pobreza ante la vara de su cólera, y no quiero pertenecer a ese grupo de quienes la Verdad dice: Los herí y no les dolió. Hemos tratado a Babilonia y no se cura. 
 ¡Qué duro es este remedio de la humillación! Pero la soberbia es una enfermedad muchísimo más grave. ¡Ojalá se le apliqwwue un remedio eficaz y capaz de sanarla! Me reconciliaré, pues, con mi enemigo; estaré de acuerdo con el juez y cederé ante el golpe del aguijón, para no ser castigado dos veces. Pues eso creo que dice el Señor: Todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado. Como si dijera: al que patalea contra el aguijón se le clava mucho más aún y al que lo acepta y cede se le hará clemencia. 
RESUMEN
Hay tres tipos de personas:
-Los que poseen la felicidad plena en el cielo. Es la vida.
-Otros la relativa felicidad de este mundo. Aquí está la sombra de la vida y la sombra de la muerte. 
-Otros la absoluta infelicidad del infierno. Es la muerte.
En realidad ya hemos sufridos bastantes humillaciones. El que cae en las numerosas ocasiones para humillarnos más, no debe esperar el enaltecimiento.  
 Por otra parte, el texto dice el que "se humilla", no el que es humillado. Y el ser humano es humillado por la verdad. La verdadera riqueza es la humildad y no es lo mismo ser humillados que ser humildes. Debemos aceptar la verdad y el dolor que nos produce. Esa es la única forma de ser ensalzados. 

sábado, 14 de enero de 2017

DOS PELIGROS QUE AMENAZAN A LOS QUE AYUNAN


Tú, cuando ayunes, úngete la cabeza y lávate la cara. El Señor dijo esto para indicar las dos faltas en que suelen incurrir los que ayunan: la vanagloria y la impaciencia. Al mandarnos lavar la cara nos pide conservar una intención pura, pues así como el rostro manifiesta la belleza corporal, también la intención refleja el encanto de lo que hace el alma. 
 Y con el detalle de ungir la cabeza o suavizar todo lo áspero, nos prescribe mantener la dulzura de espíritu durante el ayuno. Nuestra intención es pura si en todas nuestras acciones buscamos la gloria de Dios, la utilidad del prójimo o el bien de nuestra conciencia. 

RESUMEN
Cuando ayunemos debemos pensar que la intención del mismo sea honesta y, en segundo lugar, comportarnos con dulzura y no ásperamente. 

domingo, 25 de diciembre de 2016

SOBRE ESTAS PALABRAS DEL APÓSTOL:"EL REINO DE DIOS NO CONSISTE EN COMER Y BEBER"


1. El apóstol Pablo suele decir mucho en pocas palabras. Lo sabía muy bien aquel otro hombre tan sabio y elocuente para quien cada palabara del Apóstol le parecía un trueno. Precisa de tal manera, y lo proclama con tanto espíritu y energía, que todo lo expresa con orden, plenitud de sentido y admirable armonía. 
 El reino de Dios, dice, no consiste en comer y beber, sino en la justicia, la paz y el gozo en el Espíritu Santo. ¿Qué respondéis a esto vosotros, glotones y lujuriosos, cuyo Dios es el vientre, y que sólo vivís para el vientre o el bajo vientre y, como dice otro apóstol, habéis cebado de lujuria vuestros cuerpos y corazones? Escuchad, escuchad: La comida es para el estómago y el estómago para la comida, y Dios acabará con lo uno y con lo otro. ¡Ay de vosotros!, que dormís en lechos de marfil, arrellanados en divanes, coméis carneros del rebaño, bebéis vino en copa y os ungiis con perfumes exquisitos. Hijos de los hombres, ¿hasta cuando esos corazones atrofiados por cuerpos tan bien cebados? ¿Por qué amáis la falsedad y descuidáis la verdad? La gordura, los placeres corporales y el estómago bien repleto os dejarán antes de la muerte, o los dejaréis vosotros mismos al morir. Lo dice un santo: Cuando muera no se llevará nada ni le acompañará su gloria. Son un rebaño para el abismo. La muerte es su pastor. 
 ¡Qué bien dicho! Son un rebaño! Esquilados sin piedad y rigurosamente, se les quitará el vellón de las riquezas de este mundo y serán arrojados desnudos a las llamas eternas. La muerte es su pastor, porque estarán siempre muriendo para la vida y viviendo para la muerte. Aquí su carne irá a los gusanos, y allí su alma al fuego, hasta que, reunidos otra vez en la más desdichada coalición, se asocien para los terribles tormentos los que fueron compañeros en los vicios. 
2. ¡Hombre refinado!, tú que te rodeas y agobias de placeres y riquezas, y esperas así la confusión y la muerte escucha: El reino de Dios no consiste en comer y beber, ni en cubrirse de púrpura y lino; porque aquel rico que nadaba en todo eso descendió inmediatamente al infierno. ¿En qué consiste pues? En la justicia, la paz y el gozo en el Espíritu Santo. ¿Atiendes y comprendes que el gozo es lo último? Y vosotros, insensatos hijos de Adán, ¿queréis saltaros por las buenas la justicia y la paz, cambiando y perviviendo lo último por lo primero? Todos quieren gozar. Pero resulta imposible porque del mismo modo que no hay paz para los malvados, y lo dice el Señor, tampoco gozarán los malvados. Nada de eso para los impíos, nada de eso.
 En primer lugar hay que practicar la justicia, buscar la paz y correr tras ella, y sólo así abrazarse después al gozo, o más bien dejarse abrazar por él. Así actuó el coro de los Ángeles: comenzó siendo fiel a la justicia, permaneciendo en la verdad y apartándose del desertor de la verdad. Después se consolidó en aquella paz que supera todo conocimiento: ante los múltiples rangos del honor en que viven, ninguno murmura ni tiene envidia.  
3. Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión: que ha reforzado los cerrojos de tus puertas y ha bendecido a tus hijos dentro de ti; ha puesto paz en tus fronteras. Sí, alaba y redobla tus alabanzas, porque tus puertas están cerradas con enormes cerrojos y llaves de absoluta seguridad. Allí no entra el enemigo, si sale de allí el amigo. Benditos tus hijos en ti, que ya están en el cielo y poseen toda bendición espiritual por medio de Cristo. Desapareció el temor en todo el país, pues ha puesto paz en tus fronteras. Ni la tentación ni el torbellino de pensamientos se infiltra allí: aquel asturo consejero queda muy lejos de tus muros y de tus hijos Y el que permanece siempre el mismo lo consolida y fusiona todo en la identidad, pues todos participan de él. 
 En esta tercera etapa sacan ya agua de las fuentes del Salvador, y con los ojos desnudos, por decirlo de algún modo, contemplan la esencia divina, libres del engaño de toda imagen o representación corporal. Al final llegó el gozo, y un gozo interminable. 
4. Miserables de nosotros, expulsados de aquel dichoso país y rebajados-por no decir hundidos-en esta vanidad. Como dice el Profeta: los hijos de Sión, insignes y revestidos de oro puro, se han convertido en cacharros de loza. Los hijos de Sión: es decir, los de aquella ciudad contemplativa que el Señor construyó para que la vieran en toda su gloria. Los hijos de la Jerusalén celeste, la libre y madre nuestra. Eramos insignes por la dignidad natural y revestidos de oro puro por la imagen divina. ¿Cómo nos hemos convertido en cacharros de loza, ys hemos degradado en cuerpos frágiles y de barro?
 Los ángeles, hermanos carísimos, ofrecen a Dios la justicia, la paz a los demás,  el gozo interior a ellos mismos. Imítales, hombre, y no te apropies en primer lugar lo tuyo, despreciando la justicia que debes a Dios y la paz que te reclama el prójimo. 
 La justicia es la virtud que da a cada uno lo que es suyo. Y tú no sólo debes justicia al Creador, sino muchas y grandes justicias. Porque el Señor es justo y ama las justicias. Tu justicia es como las montañas de Dios. Sí, como las montañas pues te ha inyectado verdaderas montañas de misericordia. 
5. En primer lugar, te creó junto con todas las otras criaturas y en medio de ellas, y te confirmó una gran dignidad. A todas ellas se lo mandó y quedaron creadas. Después de esto te redimió esa divina majestad, inflamada con amor vehementísimo hacia ti. ¿Lo hizo con una simple palabra? No, se entregó durante treinta y tres años a tu salvación en este mundo, fue clavado en una cruz, entregado a muerte y colmado de desprecios. Tu Dios se hizo hermano tuyo, no de los ángeles: No es a los ángeles a los que tiende la mano, sino a los hijos de Abrahán. Tienes en común con los ángeles el haber sido creado; pero ser hermano del Señor es peculiar tuyo.
 Y todavía nos concedió algo más particular: con su propio dedo nos sacó del camino ancho y fácil que conduce a la muerte y nos puso en compañía de los justos y en la asamblea. ¿Qué más pudo hacer y no lo hizo? Ante un cúmulo tan grande de beneficios, otorgado por un bienhechor tan insigne y admirable, ¿no se ablandará hasta el mismo corazón de piedra? Cuanto eres y puedes se lo debes al que te ha creado, redimido y llamado. 
6. Mas después de practicar la justicia, vive en la pz. Mientras habitamos en esta morada de arcilla y en la frágil condición humana, jamás nos veremos libre de los escándalos. Por eso, si recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, himíllate y pídele perdón; y si tú tienes alguna queja de él, perdónale al instante y todos los miembros estarán en paz. Con estas disposiciones de caridad y humildad, jamás existirá la discordia entre nosotros. Aprended de mí, dice el Señor, que soy manso y humilde de corazón. La mansedumbre pertenece a la caridad, pues la caridad es paciente y afable; y la humildad sabemos muy bien qué significa. 
 Los que así avanzan alcanzan el gozo en el Espíritu Santo. Esto que digo sólo lo conoce el experto y lo ignora el inexperto, pues el hombre animal no percibe las realidades del Espíritu de Dios. ¿Acaso durante la oración no nos conmovemos hasta el fondo del corazón al evocar el gozo de la Jerusalén celeste, nuestra madre, y un río de lágrimas baña el rostro de los que meditan en ello? ¡Si eso fuese continuo! Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha; que se me peque la lengua al paladar si no me acuerdo de ti, si no pongo a Jerusalén como fuente de mis alegrías. Sí, aquí está la fuente de la alegría y allí la cumbre. 
7. Señor Jesús, ¿cuándo me desatarás el sayal y me inundarás de alegría, para que te cante con toda el alma y no sienta la tristeza? Elinicio de este gozo que aquí sentimos alguna vez es una simple gota, una gotita de ese río cuya corriente alegra la ciudad de Dios. ¿Cuándo nos llegará el día de sumergirnos hasta el fondo de estos gozos eternos en el océano de la divinidad, cuyas olas se suceden sin interrupción?¿Cuando llegaré a ver el rostro de Dios? ¿Cuándo pasaré por ese admirable santuario hasta la casa de Dios? ¿Cuando veremos en la ciudad del Señor de los ejércitos todo lo que oímos?
 Hermanos, perseveremos fielmente en estas tres cosas y recordemos sin cesar aquella frase: Amigo, ¿a qué has venido? No hemos venido para matar a traición al Rey, sino para servir al que es bendito para siempre. 
RESUMEN
La vida entregada a los vicios de la carne sólo conduce a la muerte física y espiritual. El gozo es el producto de una  vida espiritual. Esos vicios no nos conducen a la Jerusalén celestial donde reina la paz con un gozo interminable. Abandonando la Jerusalén celestial hemos convertido el oro en barro. La justicia de Dios nos ofrece, sin embargo,  montañas de misericordia y en lo que debemos basarnos no es en los vicios sino en la oración, la caridad y la humildad.

sábado, 10 de diciembre de 2016

LOS REMEDIOS DEL ALMA

1. Nuestra salvación reside en dos cosas: la justificación y la glorificación. La primera es el comienzo y la segunda su plenitud. Aquella exige trabajo, ésta cosecha los frutos de este trabajo. La justificación se realiza ahora por la fe, la glorificación tendrá lugar en la visión. El entendimiento apenas puede imaginar cuál será la glorificación de los ssantos en la vida futura. La Escritura nos dice de ella: Ojo nunca vio, ni oreja oyó, ni hombre alguna ha imaginado lo que Dios ha preparado para los que le aman. 
 Prescindamos de momento tratar de ella, porque supera nuestra capacidad, y hablemos sobre la justificación que vivimos ahora, diciendo lo que nos parece necesario para la edificación de nuestros hermanos. Como dice el Apóstol, es el camino que conduce a la glorificación: A los que predestinó, los llamó, los justificó; y a los que justificó los enalteció. Es imposible llegar a esa exaltación si no le precede la justificación, pues ésta es el mérito y aquella el premio. Y así, al anunciar a sus discípulos el reino de Dios, Cristo les propone en primer lugar la justicia: Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
2. Tengamos en cuenta que, así como en el reino de la bienaventuranza el Señor se manifestará a sus elegidos por su presencia para ser glorificados, también ahora se les manifestará en su peregrinación para justificarlos. De esta suerte, los que van a ser glorificados por la visión serán antes justificados por la fe. Y los que desean ser justificados deben abstenerse de  tres cosas. Ante todo de las malas obras; después de los deseos carnales; y en tercer lugar de los asuntos del mundo. Y por otra parte, deben ejercitarse en esas tres cosas que el Señor predicó en la montaña: la limosna, el ayuno y la oración. He aquí, pues cómo se realiza la justificación: absteniéndose de los vicios prohibidos y entregándose con fidelidad al bien que está prescrito. Contra las malas acciones practíquense las obras de misericordia, contra los deseos carnales salga a su paso el ayuno, y las ocupaciones del mundo cedan su lugar al culto.
RESUMEN
Nuestra salvación exige dos cosas: la Justificación (que es el mérito) y la glorificación (que es el premio).
Para la Justificación: los que van a ser "justificados" requieres tres cosas y remedios, pero antes de todo la llamada de Dios y deben practicar la justicia.
Primera:  Abstenerse de las malas obras. Para ello se abstendrán de los vicios prohibidos y se entregarán al bien de la ley natural que es la ley de Dios.
Segunda: Abstenerse de los deseos carnales. Ante eso usaremos el ayuno.
Tercera: Abstenerse de los asuntos del mundo. Deben ceder su lugar al culto. 

domingo, 29 de mayo de 2016

LA MISERIA HUMANA


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La comunicación del espíritu


¡Qué grande es nuestra miseria y cuán compleja nuestra indigencia! ¡Necesitamos hasta de las palabras! Lo cual incluye una doble muestra: la realidad normal de necesitarlas para comunicarnos unos con otros, y lo más asombrosa de necesitarlas para con nosotros mismos. Nadie conoce la intimidad del hombre excepto el espíritu del hombre que está dentro de él. Se ha abierto un gran abismo entre nosotros, y sólo por medio de las palabras se puede realizar el intercambio de ccorazones comunicándonos los pensamientos. ¿Quién ignora que las palabras se han inventado para cubrir esta necesidad? 
 Hasta para hablarnos a nosotros mismos necesitamos la palabra. ¿No está sometida sólo a Dios, alma mía? Eso se pregunta el Profeta y añade: De él viene  mi salvación. ¿Y quién no siente la frecuente necesidad  de interpelar su alma, dirigirse a su razón y evocar sus afectos? ¿Quién no necesita a menudo reconciliarse consigo mismo a base de palabras, increparse con amenazas, requerirse con advertencias y apremiarse con acusaciones? Incluso nos conviene acudir al raciocinio para convencernos, y decirnos por ejemplo: De él viene mi salvación. O consolarnos alguna vez con frases como ésta: ¿por qué te acongojas, alma mía; por qué te me turbas? O estimularse a sí mismo  decir: Alaba, alma mía, al  Señor. O amonestarse atentamente de vez en cuando sobare lo que conviene hacer, de este modo: Bendice ,alma  mía, al Señor y no olvides sus beneficios.
 Mi corazón me ha abandonado y necesito hablarme a mi mismo, o más bien hablarme como a un otro. Y esto, de momento con tanta más frecuencia cuanto menos vivo dentro de mi corazón, dentro de mí y unido a mí mismo. Cuando formemos todos juntos el hombre perfecto, tampoco necesitaremos usar la palabra unos con otros. Entonces las lenguas cesarán y será inútil todo intérprete, porqaue el único Mediador suprimirá todas las distancias con el amor, y seremos todos una realidad en aquellos que son verdadera y eternamente uno: Dios Padre y Jesucristo el Señor. 

RESUMEN
 La palabra nos sirve para comunicarnos entre nosotros y también para hacerlo con los demás. Nuestro Espíritu es el que verdaderamente nos conoce y somos tan miserables que necesitamos de la palabra para comunicarnos con nosotros mismos. Algún  día seremos puro espíritu y ni las palabras serán necesarias.
 

domingo, 22 de mayo de 2016

LA TRIPLE MUERTE DE LOS SANTOS



1. La muerte de los santos vale mucho a los ojos del Señor, unas veces por su vida, otras por el motivo de su muerte y otras por ambas cosas juntas. La vida de los confesores que mueren en el Señor, hace valiosa su muerte. Y en los mártires, que mueren por el Señor, unas veces sólo les da valor el motivo de su muerte, y otras la causa y la vida juntamente. Sin duda alguna, es maravillosa una muerte avalada por toda una vida; todavía más la provocada por una causa suprema; y por encima de todo, la muerte que corona la vida y la causa de su sacrificio.
2. Vale mucho a los ojos del Señor la muerte de sus santos. Tres cosas hacen santo a un hombre: la sobriedad de la vida, la rectitud de sus acciones y el fervor de espíritu. Una conducta sobria nos pide vivir en continencia, disponibles hacia los demás y obedientes; o en otras palabras, castos, caritativos y humildes. No olvidemos que la castidad es fruto de la continencia, la caridad de la disponibilidad, y la humildad de la obediencia. Y esa virtud hace que el alma se someta plenamente a Dios y viva segura a la sombra de sus alas. 
 Y el espíritu es ferviente si nuestra fe nos da la experiencia de un Dios infinitamente poderoso, sabio y bueno. Y creemos que su poder conforta nuestra debilidad, su sabiduría suple nuestra ignorancia, y su bondad disuelve nuestra maldad.
 He aquí tres cosas que hacen admirable la muerte de los santos: su liberación de toda inquietud, el gozo de la nueva realidad y la certeza de la eternidad.  

RESUMEN
Tres cosas hacen santo a un hombre:
1. La sobriedad de su vida. Exige ser castos, caritativos y humildes.
2. La rectitud de sus acciones: tanto por lo que hacemos en la vida como por el motivo de la muerte.
3. El fervor del espíritu: la experiencia de un Dios infinitamente poderoso, sabio y bueno que nos hace anhelar una nueva realidad y la certeza de la eternidad. 

 

domingo, 8 de mayo de 2016

LA ESCUELA DEL AMOR


Estamos en la escuela de Cristo, y en ella recibimos una doble instrucción. Unas cosas nos las enseña directamente el único y verdadero Maestro, y otras a través de sus ministros. Estos nos educan en el temor, aquél en el amor. Por eso, al faltar el vino ordenó llenar de agua las tinajas y aún hoy, cuando escasea el amor, los ministros de Cristo llenan con el agua del temor esas otras tinajas que son las inteligencias. 
 Y está muy bien aplicada el agua como símbolo del temor, porque así como el agua apaga el fuego, también el temor apaga la pasión; y lo mismo que el agua lava las manchas del cuerpo, el temor limpia las del alma. Llenemos, pues, con esta agua las tinajas, es decir, nuestro espíritu, porque quien teme no comete negligencias. Y está realmente lleno el que no admite la más mínima indolencia.
 Pero el agua pesa, es decir, el temor lleva consigo la pena; por ello debemos acercarnos al que convierte el agua en vino, al que cambia el temor del castigo en temor puro, y así podremos escuchar su enseñanza sobre el amor. Vadla aquí: Esto os mando, que os améis unos a otros. Cual si dijera: "Os doy muchas normas a través de mis ministros, pero yo os encomiento ésta de manera especial". Y en otro momento añade: En esto reconocerán todos que sois mis discípulos, si os amáis unos a otros. En consecuencia, amémonos mutuamente y demostraremos que somos discípulos de la Verdad. 
 Este amor nos exige una triple atención, pues Dios es amor. Entreguémonos a él con todo empeño, para que nazca, crezca y se conserve. Nace cuando das de comer o beber al enemigo, porque así amontonarás carbones ardiendo sobre su cabeza. Los carbones ardiendo son las obras de caridad, que se arrojan sobre el diablo, cabecilla de todos los malvados. Y al desaparecer él, Dios, que es amor, nace en ellos como cabeza. 
 Crece cuando atiendes al que sufre necesidad, te ofreces al que te quiere contratar, y te desahogas con tu amigo. Se conserva si consientes al deseo de tus amigos, conversando con ellos o ayudándoles incluso en cosas innecesarias. Y se conserva y aumenta con un rostro amable, una palabra suave, una acción entusiasta. El rotro y las palabras muestran el amor, y lo confirman las obras buenas y llenas de gozo, porque obras son amores. 
RESUMEN
Cristo nos enseña con el amor. El amor es como el vino. Debemos favorecer que nazca, que crezca y se conserve. Nace cuando ayudas incluso a los que son tus enemigos. Crece cuando atiendes al que lo necesita. Se conserva cuando transmitimos amabilidad y entusiasmo. 
Cuando falta el amor, los ministros de Cristo recurren al temor. Es como el milagro de las tinajas donde el agua se mezcla con el vino. Pero ese agua ocasiona pena, aunque limpia las manchas y evita errores.
 Debemos intentar que nuestro amor tenga cada vez mayor proporción de vino y menos de agua. 

sábado, 30 de abril de 2016

TRES CONSIDERACIONES SOBRE LA ENCARNACIÓN

El misterio de la encarnación nos ofrece tres consideraciones: un ejemplo de humildad, una prueba de amor y un sacramento de redención. El ejemplo de humildad aparece en los sollozos del niño, en la cueva donde se cobija, en el pesebre donde reposa y en los pañales que lo envuelven. La prueba de amor es su muerte santa, pues nadie tiene amor mayor que quien da la vida por sus amigos. Y el sacramento de redención manifiesta el triple poder de Dios: hacer algo de la nada, renueva lo anticuado, y convierte lo temporal en eterno.

domingo, 20 de marzo de 2016

LOS TRES BROTES


1. Tus brotes son un paraíso. Así habla la Jerusalén celestial congratulándose con la que peregrina en la tierra. Tenemos tres brotes distintos. El primero son los casados que hacen penitencia en el mundo; el segundo los que viven en el claustro con espíritu de conversión y de continencia; y el tercero los prelados, cuya misión es predicar y orar por el pueblo de Dios.
 Del primer brote, la penitencia, dicen los ángeles -esos ángeles que sienten tanta alegría por un solo pecador que se convierte: ¿Quién es esa que sube por el desierto como columna de humo, como nube de incienso y de mirra y perfumes de mercaderes? Nos dicen que el alma penitente sube por el desierto, es decir, por una tierra intransitable y reseca, porque recuerda sus pecados. Y sube como columna de humo, confesando humildemente esos pecados. Esta confesión se compara con razón a la columna de humo, porque emana de las múltiples especies de pecados, como el humo sale del incensario por distintos orificios. También podemos subrayar que el humo nunca tiene fulgor, pero sí suele despedir olor. Y ese humo de la confesión despide cierto aroma de piedad: así lo insinúa el texto siguiente: Es una nube aromática de mirra e incienso y perfumes de mercaderes. 
 La confesión debe ir siempre acompañada de mirra e incienso, símbolos de la mortificación  corporal y de la oración del corazón. La una sin la otra aprovechan muy poco o nada. Quien castiga la carne olvidando la oración es un orgulloso, y se le dice: ¿Como yo carne de toros o bebo sangre de cabritos? Y al contrario, el que ora y no se cuida de dominar su carne tendrá que oír: ¿Por qué me invocáis: Señor, Señor, y no hacéis lo que digo? O aquello otro: Si uno cierra los oídos a la ley, hasta su oración será aborrecible. Es, pues, evidente que ambas se complementan, ya que si van separadas se las rechaza.
2. El texto sigue así: Y todos los perfumes de los mercaderes. Al recuerdo y confesión de los pecados, y a la mortificación y oración debe añadirse el fruto de la limosna. Esta es con razón como el polvo, porque se realiza con los bienes terrenos; y es un polvo perfumado porque de ella emana un aroma muy delicado. He aquí por qué el ángel dice a Cornelio, que hacia muchas limosnas: Tus oraciones y tus limosnas han llegado hasta Dios y las tiene presentes. Si las limosnas no exhalaran un aroma agradable no llegarían en modo alguno hasta Dios. 
 O tal vez se diga: todos los perfumes de los mercaderes, para indicar que no sólo los pecados más graves, sino también los leves deben ser triturados en la confesión y lavados con la compunción. Y baste esto sobre el primer brote. 
3.El segundo es la vida de continencia, tal como se practica en el claustro o en la soledad. Aquí no se menciona el desierto, el humo o la penitencia, sino el resplandor de la luz y de la virtud. Las voces angélicas lo ensalzan así: ¿Quién es esa que se asoma como el alba, hermosa como la luna y límpida como el sol, terrible como escuadrón a banderas desplegadas? Estas palabras nos indican sus tres virtudes pecualiares: la humildad, la castidad y la caridad.
 La aurora, en efecto, es el fin de la noche y el comienzo del día. La noche indica la vida del pecador, y la luz, la del justo. La aurora que disipa las tinieblas y anuncia el día significa muy bien la humildad, porque si aquella separa el día de la noche, ésta hace lo mismo entre el justo y el pecador. En realidad es a partir de aquí, de la humildad, de donde se comienza a ser justo y a progresar en la justicia. Por eso se le llama también "alaba que se levanta" porque todo el edificio de las virtudes arranca de la humildad, como de su verdadero cimiento. Y en consecuencia, al querer indicar su humildad se dice: como alba que se levanta.
 La expresión siguiente: hermosa como la luna, pone de relieve la castidad. Se dice que la luna no tiene luz propia, sino que la recibe del sol, y que cuanto más enfrente está del sol, mayor es la superficie que se ilumina con su resplandor. Lo mismo sucede en las comunidades religiosas o en cualquier alma fiel: si se acerca por la contemplación a las miradas del Sol verdadero, pronto recibirá de esa visión el reflejo de su belleza y la gracia de su castidad. Con este resplandor crecerá y progresará hasta conseguir la perfección, y se podrá decir con toda la verdad lo que sigue:
4. Límpida como el sol. ¿Por qué como el sol? ¿Tal vez porque los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre? ¿Pero de dónde brillarán allí como el sol, sino del resplandor del vestido nupcial? Ese vestido debían recibir los que aún vivían en la tierra y se les dijo: Vosotros permaneced en la ciudad hasta que de lo alto os revistan de fuerza. Quien se cubra con este vestido nupcial -símbolo de la caridad-y lo tenga perfectamente organizado en su vida, será para sus enemigos tan terribles como un ejército en orden de batalla. A los demonios no les importa que tenga otras muchas virtudes, si carece de la caridad. Pero cuando observan su caridad y la ven dispuesta para el combate, se lanzan desesperados a la fuga.
 También puede aplicarse la imagen límpida como el sol a la perseverancia, propia de los elegidos. Y la expresión siguiente: terrible como un ejército en orden de batalla, puede significar la discreción, madre de las virtudes, que aterra y pone en fuga a los demonios y alcanza y conserva las virtudes. Podemos imaginar y decir otras muchas cosas sobre este segundo brote. Baste esto poco que hemos dicho. 
5. El tercer brote se aplica a los predicadores santos, cuya vida y doctrina suscitan ese grito de admiración: ¿quién es ese que sube del desierto, rebosante de delicias y apoyada en su amado? Del primer brote se decía: ¿Quién es esta que sube por el desierto?Y aquí se dice: que sube del desierto. Allí los penitentes sienten cómo se les clavan las espinas al caminar, y los doctores, en cambio, han pisoteado ya con su grandeza de espíritu lo que pudieron sacar del mundo. Por eso el texto dice: del desierto.
 Pero debemos averiguar cuáles son esas delicias de que está rebosante, y quién es ese amado o por qué se dice que se apoya en él. No podemos menospreciar lo que los ciudadanos celestiales llaman delicias. Porque sin duda alguna son delicias para la mente y no para el vientre, para el alma y no para el cuerpo, para el espíritu y no para la carne, para la razón y no para la sensualidad, para el hombre interior y no para el exterior. En una palabra, son la efusión desbordante de la gracia espiritual. 
 Dichosa el alma a quien se infunde esa gracia y a quien le preparan con las bendiciones de la suprema dulzura, para ser templo de Dios y oráculo del Espíritu Santo A esa alma nunca le faltarán las riquezas de la salvación, que son la sabiduría y la ciencia, y lo qaue constituye el mejor tesoro de esa salvación, el temor del Señor. Cuando se vea llena y rebosante de esas delicias, aclame al Señor en la asamblea del pueblo y alábelo en el consejo de los ancianos. Lo que oyó al oído en la alcoba pregónelo desde las azoteas, y así rebosará de delicias. Rebosar quiere decir entregarse a la Palabra y a la enseñanza, iluminar con el ejemplo de la vida y ejercer con perseverancia el ministerio espiritual.
6. Pero es necesario que en todo esto no busque su propia gloria, sino la de su Creador. Porque él es su amado y de él dice la Escritura: Yo para mi amado y mi amado para mí. Y el Padre añade: Este es mi Hijo amado, oídle. En él hay que apoyarse, es decir, atribuir todas las obras al auxilio de su gracia, porque él es el origen, la causa eficaz y la meta de todo. Este mismo amado que instruye al hombre nos hará comprender por qué debemos apoyarnos en él. Recordad qué dijo a sus discípulos cuando los llenaba de sus dones: Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; si un sarmiento no está unido a la vid, no puede dar fruto; así tampoco vosotros, si no estáis unidos a mi. Y aquello otro: Sin mi no podéis hacer nada. Es decir, "si queréis estar llenos de delicias, apoyaos en mi".
 Pero veamos cómo se apoyan y rebosan estos hombres. Escojamos a uno de ellos, al predicador más famoso. Vamos, tú, Pablo, desborda tus delicias. Cuando predicabas el Evangelio desde Jerusalén y sus alredeadores hasta Iliria; cuando ofrecías gratuitamente la buena noticia; cuando distribuías, cual fiel administrador, los tesoros celestes y el misterio de la fe a griegos y extranjeros, a instruidos e ignorantes; cuando manifestabas abiertamente en tu cuerpo el suplicio de la cruz; entre los numerosos y admirables prodigios que realizaste y nos es imposible enumerar, te atreviste a decir con plena seguridad y sin arrogancia, apues te tenías por el más insignificante de los apóstoles: La gracia de Dios no ha sido estéril en mi, sino que he trabajado más que todos ellos. 
 Qué delicias tan magníficas, por no decir tan deliciosas. Pero no las pierdas, y para ello apóyate en tu amado y di: Pero no soy yo, sino la gracia de Dios conmigo. Y ahora vuelve a desbordarte, porque realmente esas lelicias son exquisitas. Repitemos: Soy capaz de todo, y vuelve a apoyarte bien: Con aquel que me robustece. Y al final concluye: Quien presume, que presuma del Señor, es decir, el que desborda de delicias apóyese en su amado. 
7. Con la ayuda del Señor he dicho esto sobre los tres brotes y su aplicación a las tres clases de hombres que viven ahora en la Iglesia, y que el profeta Ezequiel identifica con Noé, Daniel y Job. Lo que no obstga que las podamos encontrar en cada hombre que tiende a la perfección. En éstos el primer brote es la penitencia, el segundo la honestidad, y la enseñanza el tercero. Primeramente se convierten y hacen penitencia; después practican la justicia con su vida honesta; y en tercer lugar, y tras un largo progreso, comunican con su palabra la honestidad de la vida.
 Pero el vicio acecha siempre a la virtud y está muy ceraca de ella para cazar en sus trampas a los qaue se desvían. Por eso conviene que la penitencia esté liberada de todo pudor, y no se ruborice confesar los pecados cometidos; la honestidad evite toda simulación, y la autoridad rechace el orgullo. Porque cuanto mayores son las gracias mayores son los riesgos. 
RESUMEN
El profeta Ezequiel identifica tres tipos de hombres que viven en la Iglesia. Podemos denominarlos como tres brotes e identificarlos cada uno con un personaje bíblico. 
-Primer Brote: lo identificamos con Noé. Los casados que hacen penitencia en el mundo.
La penitencia es como humo que sale por múltiples orificios. Debe ir acompañada la oración del cambio de actitud y hechos palpables. Una sin otra carecen de sentido. Cambiar de actitud sin orar es pura soberbia. La oración sin hechos es un acto absurdo. Igualmente debe ir acompañada de la limosna. 
-Segundo Brote: lo identificamos con el profeta Daniel. Se caracteriza por la luz y la virtud; es la vida de continencia basada en la humildad y la castidad. Podemos comparar a la humildad como la línea que separa la noche y el día. Sobre ella se sustentan las demás virtudes. La castidad es como la luz que producida por el sol, es reflejada por la luna. Está lleno de caridad, perseverancia y discreción. 
-Tercer Brote: lo identificamos con Job. Son los predicadores que ya han atravesado las penalidades del desierto y nos transmiten su mensaje. Pero han de hacerlo olvidando toda vanagloria, sintiéndose unidos al Señor y que todo lo hacen por y par Él.
-Pero en realidad las tres fases pueden darse en cada uno de nosotros. La penitencia continua, liberada de todo pudor nos ayudará para no caer fácilmente en la prepotencia. 

BIBLIOGRAFÍA

Obras Completas de San Bernardo. Tomo VI. Sermones varios. Madrid 1988. Editorial Católica. Biblioteca de Autores Cristianos.

domingo, 21 de febrero de 2016

TRES SECRETOS


Purifícame, Señor, de mis pecados secretos y perdona a tu siervo los ajenos. Estos pecados secretos son tres: el acto ilícito, la intención falsa y el afecto impuro. La obra mala mancha la memoria; la intención falsa, la razón o la mente; y el afecto impuro, la voluntad. La memoria se purifica con la confesión, la mente con la lectura, y el afecto o voluntad con la oración. 
  Estarás limpio de los ajenos si no insultas, si no te alejas, si no consientes y si no disimulas. La justicia exige no consentir y resistir con firmeza; la fortaleza, no abandonarte y tolerar con paciencia los defectos del prójimo; la templanza, no insultarle y compadecerse de él con mansedumbre; y la prudencia nos pide no disimular, sino procurar con todo empeño que desaparezca el mal. 

RESUMEN
Acto ilícito............Mancha la memoria................Confesión

Intención falsa......Afecta a la razón.....................Lectura

Afecto impuro......Afecta a la voluntad................Oración 


 

viernes, 6 de noviembre de 2015

ELÍAS HUYE DE JEZABEL

                                                   Jezabel
1. Elías temió a Jezabel y, levantándose, marchó adonde le llevara su voluntad. Llegó a Berseba de Judá, dejó allí a su criado y continuó por el desierto. Al final se sentó bajo una retama, se tumbó y se durmió. De pronto un ángel del Señor le tocó y le dijo: ¡Levántate, come! El miró y vio a su cabecera un pan cocido sobre piedras y un jarro de agua. Comió, bebió y con la fuerza de aquel alimento caminó cuaenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios.
                                                 Elías
 En la persona de Elías, cuyo nombre significa "el Señor", o "el Señor es fuerte, debemos ver cualquier justo perseguido por causa de la justiciaa. Recordemos aquel otro texto: dichosos los que son perseguidos a causa de la justicia. El que teme a Jezabel, es decir, a la malicia del mundo o tiranía del diablo, se levanta del ambiente pecaminoso y marcha a donde le lleva la voluntad que el Señor le sugieres. Y llega a Berseba de Judá, a la santa Iglesia, que lleva el nombre de Berseba o "séptimo pozo", porque en ella abunda la gracia del Espíritu con sus siete dones, y la reparte entre sus fieles; o también puede significar "pozo de a saciedad" por la profundidad de los misterios de Dios y el alimento de las santas Escrituras. Sobre esta profundidad nos dicen los salmos: Oscuro aguaceero y nubes espesas, y tus juicios son un océano inmenso. El Apóstol se estremece a considerar ese abismo, y totalmente agotado de temor no puede menos de exclamar: ¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de conocimiento de Dios!
2. De esta saciedad puedes ler en otros salmos: Me conduces hacia fuentes tranquilas, y se nutren de la enjundia de tu casa. Es na embriaguez que, en lugar de causar molestias, despierta un insaciable apetito de numerosos deseos. En ese ocèano de la lectura divina anda el cordeo y nada el elefante. En la mesa de la doctrina católica cada uno encuentra manjares suficientes según la capacidad de su inteligencia. Aquí está el jardín de las delicias y el huerto de toda clase de frutos. 
 Así pues, quien viene a Berseba, que como hemos dicho simboli la Iglesia santa, corre a la confesión -eso significa Judá- y deja allí a su criado que es su espíritu infantil o la fragilidad de sus acciones anteriores; y se interna en el desierto, es decir en el desprecio de este mundo. Una vez allí, se sienta o descansa de la confusión del mundo y canta como el profeta: Este será mi reposo para siempre. Se echa en el suelo, o sea, se considera muy despreciable y renuncia a sus propios deseos, como dice el Evangelio: El que quiera venirse conmigo niéguese a sí mismo. Después se duerme a la sombra de una retama, pues en los atrios de la csa del Señor, los cinco sentidos de su cuerpo quedan plenamente liberados de su maldad, y dice como el Salmista: En paz me acuesto y en seguida me duermo.
 En ese momento le toca la visión angélica y le anima a practicar el bien y subir más alto. Mira a su cabeza, es decir, a Cristo, que es la cabeza de la Iglesia, y ve allí un pan asado a la braza; es el alimento de la dotrina divina, que externamente parece áspero, pero cuyo meollo contiene una fuerza y dulzura inefables; y junto al pan un jarro de agua, la fuente de las lágrimas o compunción de corazón. Come y bebe, esto es, cumple lo que oye; y camina con esas energías hasta el monte de Dios, hasta la cumbre de la felicidad.
RESUMEN
Veamos la simbología aquí expresada:
-Elías: cualquier justo perseguido por causa de la justicia.
-Jezabel: la malicia del mundo o tiranía del diablo.
-Berseba de Judá: la santa Iglesia. Allí se obtiene la saciedad por los alimentos de las santas Escrituras.
-Judá: la confesión.
-Criado: el espíritu infantil o la fragilidad de sus acciones anteriores. 
-Desierto: el desprecio de este mundo. 
-Echarse en el suelo: considerarse muy despreciable y renunciar a sus propios deseos. 
-Dormirse a la sombra de una retama: los cinco sentidos quedan plenamente liberados de su maldad. 
-Pan asado a la brasa: alimento de la doctrina divina.
-Jarro de agua: la fuente de las lágrimas o compunción del corazón.
-Comer y beber: cumplir lo que oye.
-Monte de Dios: la cumbre de la felicidad.

jueves, 10 de septiembre de 2015

LA TRIPLE VIGILANCIA: DE LAS MANOS, DE LA LENGUA Y DEL CORAZÓN


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1. Todos nos quejamos de no sentir el apoyo de la gracia. Pero es ella quien tiene que lamentarse, con más razón, de su ineficacia en algunos de nosotros. Porque la gracia de la devoción que buscamos, depende del corazón; y quien no le ofrece una acogida ferviente se priva de ese don. Ahora bien, ¿es posible la guarda del corazón sin ser moderado en las palabras y solícito en la obras? No se extrañe pues, si no alcanza la meta quien no ha dado los primeros pasos, ni el que cree que ha comenzado, si no ha llegado a la mitad del camino,. El hombre que vive en el mundo  hace mucho con tener las manos limpias. Para el monje, en cambio, eso es muy poco; y es indigno de él no evitar toda clase de contactos con el mal. 
 A nosotros se nos pide tener las manos más limpias de toda falta, y más colmada de justicia que ellos. A ellos se les dice: Huid la fornicación y el que robaba ya no robe. Y otras cosas semejantes. Porque quienes tales cosas hacen no heredarán el reino de Dios. ¿Debemos temer nosotros tal inmundicia en las obras y tan grave impureza en las manos? Cuanto más limpias están las manos tanto más resalta en ellas la menor mancha. Y el vestido lujoso desluce con la más pequeña mácula. Así ocurre con nosotros: una simple desobediencia es ya una mancha. Y la negligencia en nuestros actos o en los preceptos menos importantes, no es una pequeña imperfeccion, sino una falta muy grave. 
 Esta atención sobre nuestras acciones se practica en los comienzos de la conversión. Tenemos entonces un poco de luz, aunque no mucha, como tal vez algunos puedan pensar, pues la Verdad nos dice: Cuando hiciereis estas cosas que os están mandadas, decid: somos siervos inútiles; lo que teníamos que hacer lo hicimos. Me dirás que aquí se trata de un consejo de humildad. Es cierto: de humildad. ¿Pero va acaso contra la verdad? Porque si somos inteligentes en el ejercicio de nuestro deber, ninguna persona sensata llamará la atención al que se cuela un mosquito si ve que se trata un camello. 
2.Una vez limpias las manos, no por ello se llega inmediatamente al corazón. Es preciso purificar los labios con una atención y solicitud particular. Y si dices: "Son muy pocos los que hablan como se debe" por eso mismo comprenderás cuán rara res la perfección cuando es tan difícil encontrar personas iniciadas en ella. ¿Quién es capaz de enumenar la cantidad de mezquindades que comete un miembro tan pequeño como la lengua? ¿Cuánta inmndicia no acumulan los labios impuros? ¿Cuánta maldad no profiere una boca indiscreta?
 Hay lenguas disolutas, volcadas en conversaciones inútiles, lenguas deshonestas, y lenguas jactanciosas. Las primeras son esclavas del placer y las otras de la arrogancia. También existe la lengua engañosa y maldiciente: la primera se subdivide en mentirosa y aduladora, y la segunda lo mismo injuria a la cara como difama a la espalda. Si los hombres habrán de dar cuenta en el día del juicio de toda palabra ociosa que profieren, ¿cuánto más rigurosa será la sentencia de la palabra mentirosa, mordaz e injuriosa, de la arrogante y lasciva, de la que calumnia y difama?
3. ¡Que verdad encierra aquella sentencia, hermanos: En el mucho hablar no falta el pecado! Prescindo aquí de otras razones; si una palabra es inútil cuando no tiene causa justificante, ¿cómo justificaremos la que va contra toda justificación? Ninguno de vosotros, hermanos, tome a la ligera el tiempo empleado en conversaciones ociosas; estamos en el tiempo favorable y en el día de la salvación. Las palabras vuelan irremediablemente; el tiempo vuela y no vuelve. Y el insensato no se da cuenta de lo que pierde. "¡Que bien se pasa el tiempo charlando!" suele decirse. "¡Pasar las horas!". "¡Pasar el tiempo y las horas...!Tu misericordioso creador te lo concede para hacer penitencia, para alcanzar el perdón, para conseguir la gracia y merecer la gloria.
 "¿Pasar el tiempo?" Debes recuperar con él la benevoencia divina, volar hacia la comunión de los ángeles, suspirar por la herencia perdida, ansiar la felicidad prometida, despertar la voluntad dormida y llorar la maldad cometida. ¿Es que hacen eso los agricultores cuando les llega el tiempo tan esperado de la sementera, o los viñadores en la campaña tan ansiada de la poda? ¿Es que prefieren entonces encontrar otras ocupaciones, para así, sin escrúpulo alguno, pasar alegremente los días sin trabajar? ¿Acaso cuando llegan las ferias, se retrasan los comerciantes y buscan pretextos para no hacer un buen negocio? ¿Qué hacen los pobres mendigos cuando, tras muchos ruegos, aparece el generoso limosnero? ¿Se distraen en otras cosas? ¿Ceden el puesto a otros compañeros o se retiran a os rincones vacíos y ocultos de las plazas?
4.El primer grado es obedecer con gusto. El hombre está pervertido desde su juventud, y todos siguen los caprichos de su perverso corazón. Desde su primera transgresión, el hombre siente un amor innato a su voluntad propia; está abandonando la voluntad del creador, se convirtió ella misma en esclava por intentar ser independiente. Esto quiere decir que es muy difícil dejar su voluntad, someterse a la de otro. Más, por muy penoso que sea, es imposible subir el primer grado de la obediencia sin hacer nuestra la voluntad del que manda.
 El justo se gloría se alabar a Dios voluntariamente y dice: te ofrecereé un sacrificio voluntario. Sólo, pues, la voluntad embellece y da valor a las obras; y sin ella no se hace nada bueno, aunque lo parezca. Así pues, recíbanse con la voluntad los mandatos de los superiores y evítese que el corazón haga reflexiones personales; hasta llegar a sacrificar la voluntad propia y amar el precepto del superior. Obedecer con gusto es cumplir de manera voluntaria la voluntad de los superiores.
5. No temas afirmar que esta lengua es màs cruel que aquella lanza que atravesò el costado del Salvador. Porque esta desgarra el cuerpo de Cristo y sus miembros. Y no hiere un cuerpo exánime, sino que lo mata al clavarse en él. Es más cruel que las espinas clavadas por la saña de los soldados en aquella adorable cabeza. Y màs que aquellos clavos con que los judíos, en su refinada maldad, atravesaron aquellas manos y pies santísimos. Si él no hubiera preferido la vida de este cuerpo, que ahora es herido y desgarrado, a la del suyo propio, jamás lo hubiera entregado a la injuria de la muerte y a la ignominia de la cruz.
 Y a pesar de ello seguimos diciendo: ¡Es tan ligera la palabra ! ¡La lengua no es màs que un pedazo de carne tierna y suave! ¿Qué persona sensata le da importancia? Sí. La palabra es bien poca cosa. Corre veloz; pero sus heridas son muy graves. Pasa con suavidad, pero abrasa sin compasión. Penetra fácilmente en el alma, pero sale con dificultad. Se pronuncia sin esfuerzo, pero es imposible volverla a recoger. Vuela ligera, pero por eso mismo viola rápidamente la caridad. Una mosca muerta no vale nada, pero estropea el ungüento del perfume. La lengua es un miembro frágil, pero apenas se la puede dominar. Materialmente dèbil y pequeña, pero de un poder y eficacia enorme. Es un órgano muy pequeño, pero si te descuidas es el peor de todos. Es fina y aplanada: y el medio por excelencia para vaciar el corazón, como me lo habéis confesado muchos de vosotros. Como no somos perfectos, después de una larga conversación sentimos nuestro espíritu vacío, la meditación menos devota, el afecto más árido y el holocausto de la oración menos fecundo. La causa de ello son las palabras que hemos dicho u oído. Al fin, palabras.
6. La lengua se desliza con facilidad, pero penetra insensiblemente en el corazón, Por eso hay tantos que aprovechan muy poco: refrenan la suya mas no se previenen de la ajena. Ese hermano que te habla es, sin duda, muy útil, prudente, observante y temeroso de Dios. Más aún: es un ángel, y un ángel de luz. A pesar de todo ten cuidado, no oigas lo que te pueda hacer daño, no quiero que sospeches de nadie, pero desconfía de la lengua, sobre todo cuando hay muchas personas juntas. La sencillez de la paloma nos encanta, pero no olvides la prudencia de la serpiente. María examinó las palabras del Ángel y discurría qué podría significar aquel saludo. Haz tu lo mismo, que sabes por tu continua experiencia cuánto dañan las palabras. No creas que te tienen por apocado si te muestras comedido en el hablar cuando debes participar en los diàlogos y en la escucha ni os extrañeis que nos detengamos tanto en este grado propio de los proficientes, porque son más numerosos que los perfectos. 
7. Tal vez parezca que me excedo reprendiendo el uso de la palabra. Tened en cuenta que es la lengua la que habla contra los vicios de la lengua. Merece toda la disculpa: no se perdona a sí misma y amonesta a los oyentes de sus propios peligros. Las palabras son viento pero no siempre son un viento abrazador. Levántate, cierzo, ven, también tú, austro; oread mi jardín, que exhala sus aromas. 
 Grandes son, en efecto, las ventajas de la palabra; y muy abundantes y fecundos sus frutos. El justo vive de la fe y la fe proce de la escucha y ésta viene de la Palabra de Dios. ¿Puede vivir el que no cree? ¿Y puede creer sin oír? ¿Y puede oír si no se le predica? Debemos prestarle, pues, gran atención y vigilancia, porque según la Escritura la muerte y la vida están en el poder de la lengua. Si solamente nos diera vida, no tendríamos por qué reprimirla; si sólo muerte, deberíamos amputarla. Pongamos un guardia a nuestra boca y un centinela a la puerta de nuestros labios para que no estén herméticamente cerrados a lo que nos proporciona la vida, ni salga libremente de ellos el veneno mortal. Vigilemos, por tanto, hermanos, nuestras obras, pra no omitir lo que se nos manda, ni hacer lo que se nos prohibe.
 El Profeta nos exhorta a esta doble vigilancia cuando dice: Apártate del mal y haz el bien. Y vigilemos nuestras palabras para no ofender con ellas a Dios ni dañar al prójimo. Dichoso quien, al hablar, teme siempre ambas cosas  presta atención a ambos oyentes: a la majestad divina, porque es terrible caer en sus manos; y a la fragilidad fraterna que se puede escandalizar fácilmente. 
8. Creo, sin embargo, que no es todavía perfecto quien evite los pecados de la lengua, a no ser que lo comparemos con el que solamente entiende a sus obras. La Verdad misma habla en el Evangelio de los siervos que velan esperando al Señor, y dice: Si llegas a la tercera vigilia, y los encuentras así, dichosos ellos. Observa que esto no se dice de la primera ni de la segunda vigilia. Es la vigilia del corazón, sobre la cual insiste de manera especial el Sabio, porque es el manantial de la vida. Y a mi parecer, lleva consigo dos cosas: que el espíritu guarde con mucha atención la grey de sus afectos y sus pensamientos  con razón merece la máxima solicitud, ya que de él proceden las otras dos. Al menos que, líbrenos Dios, se realicen por puro fingimiento y sólo tengan las apariencias de piedad y no la virtud. Los manantiales de las fuentes deben llenarse ellos mismos, para poder elevarse, rebosar y llenar otros recipientes. Lo mismo sucede al hombre: mientras no consiga el perfecto dominio de las manos y de la lengua, no puede dedicarse a perfección ni saborear el sosiego gozoso de la devoción, ni remontarse a las alturas de la contemplación divina. 
 Ea, hermanos, si buscamos la gracia de la visita celeste, busquémosla así. Si deseamos recibir los consuelos espirituales, pidámoslos así. si ansiamos que se nos abra el cielo, llamos así. En una palabra: vigilemos de esta manera si queremos entrar en las bodas con el esposo Jesucristo nuestro señor, que es bendito por los siglos. Amén. 
RESUMEN
El monje no debe contentarse con evitar los grandes males, sino que debe evitar la menor mancha. Empezará por limpiar sus manos. Luego la lengua, los labios. Debemos utilizar el tiempo en beneficio de nuestra espiritualidad. Aprender a obedecer y renunciar a la propia voluntad. La lengua es muy peligrosa y volátil. Podemos compararla a la lanza que atravesó el costado de Cristo. Es un arma peligrosa por donde se expresa el corazón y a la que debemos poner centinelas. Sólo cuando dominamos las manos y la lengua, nos acercamos a la auténtica gracia de Cristo. Es la tercera vigilia. La vigilia del corazón.