EL OBJETIVO DE ESTA PÁGINA

Nuestro objetivo es recoger la mayor parte de los sermones de San Bernardo de Claraval. Al mismo tiempo, añadir iconos y resúmenes que faciliten la lectura. Progresivamente LAS ENTRADAS SE IRÁN ADAPTANDO A LOS TIEMPOS LITÚRGICOS DE CADA AÑO Y PERFECCIONANDOSE EN CUANTO A SU ORTOGRAFÍA Y A SUS RESÚMENES, de tal manera que su ubicación sea significativa.



Nota(1): Desde Noviembre del 2012 (inclusive) los sermones se van colocando para el día en que fueron redactados. En ese mes llamará la atención que hay dos dedicados a San Malaquías que coinciden con el día de los fieles difuntos. La festividad de Cristo Rey no existía en aquellos tiempos. Fue instaurada en 1925.



Nota(2): Los Sermones sobre el Cantar de los Cantares se agrupan, progresivamente, en el día 1 de Septiembre del 2012

domingo, 12 de febrero de 2017

SOBRE ESTAS PALABRAS DEL SEÑOR: EL QUE SE ENSALZA SERÁ HUMILLADO


1. Todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado. Si reflexionamos atentamente, hermanos, encontraremos cuatro grados diverdos entre los hombres. Me explico: unos poseen la felicidad plena en el cielo, por la cual suspiramos; otros la relativa felicidad de este mundo, en que gemimos, y otros la más absoluta infelicidad en el infierno, que con razón tememos. Para decirlo más brevemente, existe la vida y la sombra de la vida, la sombra de la muerte y la muerte. Y como nosotros no nos hallamos ni en la cumbre ni en el abismo, tememos descender y deseamos subir, tanto más ansiosos cuanto que nos vemos más cercanos del grado ínfimo que del supremo.
 Mas he aquí lo que se nos dice: Todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será enaltecido. ¿Qué significa esta paradoja de exaltación y humillación? ¿No basta Señor, lo que nos humillas con tu verdad, que aún nos exiges que nos humillemos nosotros mismos? Todavía nos quedan muchas ocasiones de humillarnos, pero el que cae en ellas será incapaz de volverse a levantar; el que así se humilla no espere ser enaltecido. Efectivamente, nos humillaste en el abismo de la amargura y nos envolviste en tinieblas. Nuestra vida está al borde del abismo: ¿es posible humillarnos aún más? ¿Qué ganamos con morir y bajar a la fosa? Lo único que hay debajo de nosotros es la corrupción irreparable. Tras la sombra de la muerte sólo existe la muerte; tras el abismo de la angustia sólo aparece el ámbito de la muerte. 
2. El que se humilla, dice, será ensalzado. Si dijera: "el que sea humillado será enaltecido" me llenaría de gozo, pues me siento en verdad terriblemente humillado. Pero como dice: El que se humilla será ensalzado, me siento angustiado y no sé qué elegir ni qué hacer. Yo aquí no tengo una ciudad estable, ni me conviene continuar aquí, aunque estuviera permitido. Por otra parte, descender más es ir a la muerte. Estoy ya en un grado muy bajo, el penúltimo, y el siguiente es el infierno. Si desciendo a él, se acabó toda esperanza de subir; y si no me humillo tampoco podré ser elevado, pues solamente será ensalzado el que se humilla. Si opto por eso escojo la muerte, y en caso contrario se me niega la elevación y caigo también en manos de la muerte. Es difícil comprender este enigma. Más reflexionemos un poco en la primera parte.
3. Todo el que se ensalza será humillado. ¿Cómo podrá elevarse el que es humillado por la Verdad? No nos referimos al dónde, sino al cómo; pues lo que aquí parece estar ausente no es el lugar, sino la virtud. Repito que al hombre no le faltan lugares adonde elevarse, pero no tiene capacidad para realizarlo. Su deseo está ahí y muy vivo, pero sus posibilidades son nulas. Lo quieran o no, todos los humanos y todo hijo de Adán debe repetir: Con la verdad me humillaste. El que se humilla por la verdad es auténticamente humilde y si se ensalza actuará falsamente. Porque elevarse falsamente equivalea no elevarse.
 Demos gracias a Cristo que no dijo: "El que se ensalza será ensalzado". ¡Cómo nos eforzaríamos inútilmente en ello si lo creyéramos honesto, cuando ahora ni la misma impotencia de conseguirlo es capaz de frener nuestro apetito de gloria! Por eso, tal vez la frase: El que se ensalza será humillado no se refiere al fruto, que es nulo, sino al deseo, que es insensato.
4. ¡A cuántos vemos humillados, pero no humildes; castigados y no arrepentidos; curados incluso por Dios, y sin reparar aún la salud! Siguen creyendo que las espinas dan placer, disimulan los pecados que cometen, los escollos en que fluctúan las tinieblas que les ciegan, las trampas en que se mueven, el abismo de amargura en que habitan, el cuerpos mortal que soportan, el yugo pesado que arrastran, el peso aún más insoportable de su conciencia que ocultan y la terrible sentencia que les espera. 
 Así era aquel al que Juan, en el Apocalipsis, debe decir: Tú dices: soy rico y no me falta nada. Aunque no le sepas, eres desventurado y miserable, pobre, ciego y desnudo. Realmente, la elevación de los hombres es pura vanidad y mentira; como lo que ellos son: vanos y mentirosos. La verdad los humilla y la vanidad los eleva. Prefieren las tinieblas a la luz; se abrazan a la vaniad que los ensalza y van tras la mentira. En cambio, frente a la verdad qaue los humilla reaccionan con el disimulo y pueriles esfuerzos, y con todos los medios y modos posibles. 
5. ¿Hemos conseguido algo? Al menos hemos visto cómo se humilla verdaderamente al hombrfe. Es decir, apegándose a la verdad que le humilla, y, en vez de disimular, cooperando con ella con el dinamismo de su entrega personal. En adelante evitaré lo más posible la dureza del corazón; aceptaré con lágrimas mi dolor, no sea que, al hacerse insensible mi herida, se haga incurable. Seré un hombre que palpo mi pobreza ante la vara de su cólera, y no quiero pertenecer a ese grupo de quienes la Verdad dice: Los herí y no les dolió. Hemos tratado a Babilonia y no se cura. 
 ¡Qué duro es este remedio de la humillación! Pero la soberbia es una enfermedad muchísimo más grave. ¡Ojalá se le apliqwwue un remedio eficaz y capaz de sanarla! Me reconciliaré, pues, con mi enemigo; estaré de acuerdo con el juez y cederé ante el golpe del aguijón, para no ser castigado dos veces. Pues eso creo que dice el Señor: Todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado. Como si dijera: al que patalea contra el aguijón se le clava mucho más aún y al que lo acepta y cede se le hará clemencia. 
RESUMEN
Hay tres tipos de personas:
-Los que poseen la felicidad plena en el cielo. Es la vida.
-Otros la relativa felicidad de este mundo. Aquí está la sombra de la vida y la sombra de la muerte. 
-Otros la absoluta infelicidad del infierno. Es la muerte.
En realidad ya hemos sufridos bastantes humillaciones. El que cae en las numerosas ocasiones para humillarnos más, no debe esperar el enaltecimiento.  
 Por otra parte, el texto dice el que "se humilla", no el que es humillado. Y el ser humano es humillado por la verdad. La verdadera riqueza es la humildad y no es lo mismo ser humillados que ser humildes. Debemos aceptar la verdad y el dolor que nos produce. Esa es la única forma de ser ensalzados. 

sábado, 14 de enero de 2017

DOS PELIGROS QUE AMENAZAN A LOS QUE AYUNAN


Tú, cuando ayunes, úngete la cabeza y lávate la cara. El Señor dijo esto para indicar las dos faltas en que suelen incurrir los que ayunan: la vanagloria y la impaciencia. Al mandarnos lavar la cara nos pide conservar una intención pura, pues así como el rostro manifiesta la belleza corporal, también la intención refleja el encanto de lo que hace el alma. 
 Y con el detalle de ungir la cabeza o suavizar todo lo áspero, nos prescribe mantener la dulzura de espíritu durante el ayuno. Nuestra intención es pura si en todas nuestras acciones buscamos la gloria de Dios, la utilidad del prójimo o el bien de nuestra conciencia. 

RESUMEN
Cuando ayunemos debemos pensar que la intención del mismo sea honesta y, en segundo lugar, comportarnos con dulzura y no ásperamente. 

domingo, 25 de diciembre de 2016

SOBRE ESTAS PALABRAS DEL APÓSTOL:"EL REINO DE DIOS NO CONSISTE EN COMER Y BEBER"


1. El apóstol Pablo suele decir mucho en pocas palabras. Lo sabía muy bien aquel otro hombre tan sabio y elocuente para quien cada palabara del Apóstol le parecía un trueno. Precisa de tal manera, y lo proclama con tanto espíritu y energía, que todo lo expresa con orden, plenitud de sentido y admirable armonía. 
 El reino de Dios, dice, no consiste en comer y beber, sino en la justicia, la paz y el gozo en el Espíritu Santo. ¿Qué respondéis a esto vosotros, glotones y lujuriosos, cuyo Dios es el vientre, y que sólo vivís para el vientre o el bajo vientre y, como dice otro apóstol, habéis cebado de lujuria vuestros cuerpos y corazones? Escuchad, escuchad: La comida es para el estómago y el estómago para la comida, y Dios acabará con lo uno y con lo otro. ¡Ay de vosotros!, que dormís en lechos de marfil, arrellanados en divanes, coméis carneros del rebaño, bebéis vino en copa y os ungiis con perfumes exquisitos. Hijos de los hombres, ¿hasta cuando esos corazones atrofiados por cuerpos tan bien cebados? ¿Por qué amáis la falsedad y descuidáis la verdad? La gordura, los placeres corporales y el estómago bien repleto os dejarán antes de la muerte, o los dejaréis vosotros mismos al morir. Lo dice un santo: Cuando muera no se llevará nada ni le acompañará su gloria. Son un rebaño para el abismo. La muerte es su pastor. 
 ¡Qué bien dicho! Son un rebaño! Esquilados sin piedad y rigurosamente, se les quitará el vellón de las riquezas de este mundo y serán arrojados desnudos a las llamas eternas. La muerte es su pastor, porque estarán siempre muriendo para la vida y viviendo para la muerte. Aquí su carne irá a los gusanos, y allí su alma al fuego, hasta que, reunidos otra vez en la más desdichada coalición, se asocien para los terribles tormentos los que fueron compañeros en los vicios. 
2. ¡Hombre refinado!, tú que te rodeas y agobias de placeres y riquezas, y esperas así la confusión y la muerte escucha: El reino de Dios no consiste en comer y beber, ni en cubrirse de púrpura y lino; porque aquel rico que nadaba en todo eso descendió inmediatamente al infierno. ¿En qué consiste pues? En la justicia, la paz y el gozo en el Espíritu Santo. ¿Atiendes y comprendes que el gozo es lo último? Y vosotros, insensatos hijos de Adán, ¿queréis saltaros por las buenas la justicia y la paz, cambiando y perviviendo lo último por lo primero? Todos quieren gozar. Pero resulta imposible porque del mismo modo que no hay paz para los malvados, y lo dice el Señor, tampoco gozarán los malvados. Nada de eso para los impíos, nada de eso.
 En primer lugar hay que practicar la justicia, buscar la paz y correr tras ella, y sólo así abrazarse después al gozo, o más bien dejarse abrazar por él. Así actuó el coro de los Ángeles: comenzó siendo fiel a la justicia, permaneciendo en la verdad y apartándose del desertor de la verdad. Después se consolidó en aquella paz que supera todo conocimiento: ante los múltiples rangos del honor en que viven, ninguno murmura ni tiene envidia.  
3. Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión: que ha reforzado los cerrojos de tus puertas y ha bendecido a tus hijos dentro de ti; ha puesto paz en tus fronteras. Sí, alaba y redobla tus alabanzas, porque tus puertas están cerradas con enormes cerrojos y llaves de absoluta seguridad. Allí no entra el enemigo, si sale de allí el amigo. Benditos tus hijos en ti, que ya están en el cielo y poseen toda bendición espiritual por medio de Cristo. Desapareció el temor en todo el país, pues ha puesto paz en tus fronteras. Ni la tentación ni el torbellino de pensamientos se infiltra allí: aquel asturo consejero queda muy lejos de tus muros y de tus hijos Y el que permanece siempre el mismo lo consolida y fusiona todo en la identidad, pues todos participan de él. 
 En esta tercera etapa sacan ya agua de las fuentes del Salvador, y con los ojos desnudos, por decirlo de algún modo, contemplan la esencia divina, libres del engaño de toda imagen o representación corporal. Al final llegó el gozo, y un gozo interminable. 
4. Miserables de nosotros, expulsados de aquel dichoso país y rebajados-por no decir hundidos-en esta vanidad. Como dice el Profeta: los hijos de Sión, insignes y revestidos de oro puro, se han convertido en cacharros de loza. Los hijos de Sión: es decir, los de aquella ciudad contemplativa que el Señor construyó para que la vieran en toda su gloria. Los hijos de la Jerusalén celeste, la libre y madre nuestra. Eramos insignes por la dignidad natural y revestidos de oro puro por la imagen divina. ¿Cómo nos hemos convertido en cacharros de loza, ys hemos degradado en cuerpos frágiles y de barro?
 Los ángeles, hermanos carísimos, ofrecen a Dios la justicia, la paz a los demás,  el gozo interior a ellos mismos. Imítales, hombre, y no te apropies en primer lugar lo tuyo, despreciando la justicia que debes a Dios y la paz que te reclama el prójimo. 
 La justicia es la virtud que da a cada uno lo que es suyo. Y tú no sólo debes justicia al Creador, sino muchas y grandes justicias. Porque el Señor es justo y ama las justicias. Tu justicia es como las montañas de Dios. Sí, como las montañas pues te ha inyectado verdaderas montañas de misericordia. 
5. En primer lugar, te creó junto con todas las otras criaturas y en medio de ellas, y te confirmó una gran dignidad. A todas ellas se lo mandó y quedaron creadas. Después de esto te redimió esa divina majestad, inflamada con amor vehementísimo hacia ti. ¿Lo hizo con una simple palabra? No, se entregó durante treinta y tres años a tu salvación en este mundo, fue clavado en una cruz, entregado a muerte y colmado de desprecios. Tu Dios se hizo hermano tuyo, no de los ángeles: No es a los ángeles a los que tiende la mano, sino a los hijos de Abrahán. Tienes en común con los ángeles el haber sido creado; pero ser hermano del Señor es peculiar tuyo.
 Y todavía nos concedió algo más particular: con su propio dedo nos sacó del camino ancho y fácil que conduce a la muerte y nos puso en compañía de los justos y en la asamblea. ¿Qué más pudo hacer y no lo hizo? Ante un cúmulo tan grande de beneficios, otorgado por un bienhechor tan insigne y admirable, ¿no se ablandará hasta el mismo corazón de piedra? Cuanto eres y puedes se lo debes al que te ha creado, redimido y llamado. 
6. Mas después de practicar la justicia, vive en la pz. Mientras habitamos en esta morada de arcilla y en la frágil condición humana, jamás nos veremos libre de los escándalos. Por eso, si recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, himíllate y pídele perdón; y si tú tienes alguna queja de él, perdónale al instante y todos los miembros estarán en paz. Con estas disposiciones de caridad y humildad, jamás existirá la discordia entre nosotros. Aprended de mí, dice el Señor, que soy manso y humilde de corazón. La mansedumbre pertenece a la caridad, pues la caridad es paciente y afable; y la humildad sabemos muy bien qué significa. 
 Los que así avanzan alcanzan el gozo en el Espíritu Santo. Esto que digo sólo lo conoce el experto y lo ignora el inexperto, pues el hombre animal no percibe las realidades del Espíritu de Dios. ¿Acaso durante la oración no nos conmovemos hasta el fondo del corazón al evocar el gozo de la Jerusalén celeste, nuestra madre, y un río de lágrimas baña el rostro de los que meditan en ello? ¡Si eso fuese continuo! Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha; que se me peque la lengua al paladar si no me acuerdo de ti, si no pongo a Jerusalén como fuente de mis alegrías. Sí, aquí está la fuente de la alegría y allí la cumbre. 
7. Señor Jesús, ¿cuándo me desatarás el sayal y me inundarás de alegría, para que te cante con toda el alma y no sienta la tristeza? Elinicio de este gozo que aquí sentimos alguna vez es una simple gota, una gotita de ese río cuya corriente alegra la ciudad de Dios. ¿Cuándo nos llegará el día de sumergirnos hasta el fondo de estos gozos eternos en el océano de la divinidad, cuyas olas se suceden sin interrupción?¿Cuando llegaré a ver el rostro de Dios? ¿Cuándo pasaré por ese admirable santuario hasta la casa de Dios? ¿Cuando veremos en la ciudad del Señor de los ejércitos todo lo que oímos?
 Hermanos, perseveremos fielmente en estas tres cosas y recordemos sin cesar aquella frase: Amigo, ¿a qué has venido? No hemos venido para matar a traición al Rey, sino para servir al que es bendito para siempre. 
RESUMEN
La vida entregada a los vicios de la carne sólo conduce a la muerte física y espiritual. El gozo es el producto de una  vida espiritual. Esos vicios no nos conducen a la Jerusalén celestial donde reina la paz con un gozo interminable. Abandonando la Jerusalén celestial hemos convertido el oro en barro. La justicia de Dios nos ofrece, sin embargo,  montañas de misericordia y en lo que debemos basarnos no es en los vicios sino en la oración, la caridad y la humildad.

sábado, 10 de diciembre de 2016

LOS REMEDIOS DEL ALMA

1. Nuestra salvación reside en dos cosas: la justificación y la glorificación. La primera es el comienzo y la segunda su plenitud. Aquella exige trabajo, ésta cosecha los frutos de este trabajo. La justificación se realiza ahora por la fe, la glorificación tendrá lugar en la visión. El entendimiento apenas puede imaginar cuál será la glorificación de los ssantos en la vida futura. La Escritura nos dice de ella: Ojo nunca vio, ni oreja oyó, ni hombre alguna ha imaginado lo que Dios ha preparado para los que le aman. 
 Prescindamos de momento tratar de ella, porque supera nuestra capacidad, y hablemos sobre la justificación que vivimos ahora, diciendo lo que nos parece necesario para la edificación de nuestros hermanos. Como dice el Apóstol, es el camino que conduce a la glorificación: A los que predestinó, los llamó, los justificó; y a los que justificó los enalteció. Es imposible llegar a esa exaltación si no le precede la justificación, pues ésta es el mérito y aquella el premio. Y así, al anunciar a sus discípulos el reino de Dios, Cristo les propone en primer lugar la justicia: Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
2. Tengamos en cuenta que, así como en el reino de la bienaventuranza el Señor se manifestará a sus elegidos por su presencia para ser glorificados, también ahora se les manifestará en su peregrinación para justificarlos. De esta suerte, los que van a ser glorificados por la visión serán antes justificados por la fe. Y los que desean ser justificados deben abstenerse de  tres cosas. Ante todo de las malas obras; después de los deseos carnales; y en tercer lugar de los asuntos del mundo. Y por otra parte, deben ejercitarse en esas tres cosas que el Señor predicó en la montaña: la limosna, el ayuno y la oración. He aquí, pues cómo se realiza la justificación: absteniéndose de los vicios prohibidos y entregándose con fidelidad al bien que está prescrito. Contra las malas acciones practíquense las obras de misericordia, contra los deseos carnales salga a su paso el ayuno, y las ocupaciones del mundo cedan su lugar al culto.
RESUMEN
Nuestra salvación exige dos cosas: la Justificación (que es el mérito) y la glorificación (que es el premio).
Para la Justificación: los que van a ser "justificados" requieres tres cosas y remedios, pero antes de todo la llamada de Dios y deben practicar la justicia.
Primera:  Abstenerse de las malas obras. Para ello se abstendrán de los vicios prohibidos y se entregarán al bien de la ley natural que es la ley de Dios.
Segunda: Abstenerse de los deseos carnales. Ante eso usaremos el ayuno.
Tercera: Abstenerse de los asuntos del mundo. Deben ceder su lugar al culto. 

domingo, 29 de mayo de 2016

LA MISERIA HUMANA


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La comunicación del espíritu


¡Qué grande es nuestra miseria y cuán compleja nuestra indigencia! ¡Necesitamos hasta de las palabras! Lo cual incluye una doble muestra: la realidad normal de necesitarlas para comunicarnos unos con otros, y lo más asombrosa de necesitarlas para con nosotros mismos. Nadie conoce la intimidad del hombre excepto el espíritu del hombre que está dentro de él. Se ha abierto un gran abismo entre nosotros, y sólo por medio de las palabras se puede realizar el intercambio de ccorazones comunicándonos los pensamientos. ¿Quién ignora que las palabras se han inventado para cubrir esta necesidad? 
 Hasta para hablarnos a nosotros mismos necesitamos la palabra. ¿No está sometida sólo a Dios, alma mía? Eso se pregunta el Profeta y añade: De él viene  mi salvación. ¿Y quién no siente la frecuente necesidad  de interpelar su alma, dirigirse a su razón y evocar sus afectos? ¿Quién no necesita a menudo reconciliarse consigo mismo a base de palabras, increparse con amenazas, requerirse con advertencias y apremiarse con acusaciones? Incluso nos conviene acudir al raciocinio para convencernos, y decirnos por ejemplo: De él viene mi salvación. O consolarnos alguna vez con frases como ésta: ¿por qué te acongojas, alma mía; por qué te me turbas? O estimularse a sí mismo  decir: Alaba, alma mía, al  Señor. O amonestarse atentamente de vez en cuando sobare lo que conviene hacer, de este modo: Bendice ,alma  mía, al Señor y no olvides sus beneficios.
 Mi corazón me ha abandonado y necesito hablarme a mi mismo, o más bien hablarme como a un otro. Y esto, de momento con tanta más frecuencia cuanto menos vivo dentro de mi corazón, dentro de mí y unido a mí mismo. Cuando formemos todos juntos el hombre perfecto, tampoco necesitaremos usar la palabra unos con otros. Entonces las lenguas cesarán y será inútil todo intérprete, porqaue el único Mediador suprimirá todas las distancias con el amor, y seremos todos una realidad en aquellos que son verdadera y eternamente uno: Dios Padre y Jesucristo el Señor. 

RESUMEN
 La palabra nos sirve para comunicarnos entre nosotros y también para hacerlo con los demás. Nuestro Espíritu es el que verdaderamente nos conoce y somos tan miserables que necesitamos de la palabra para comunicarnos con nosotros mismos. Algún  día seremos puro espíritu y ni las palabras serán necesarias.
 

domingo, 22 de mayo de 2016

LA TRIPLE MUERTE DE LOS SANTOS



1. La muerte de los santos vale mucho a los ojos del Señor, unas veces por su vida, otras por el motivo de su muerte y otras por ambas cosas juntas. La vida de los confesores que mueren en el Señor, hace valiosa su muerte. Y en los mártires, que mueren por el Señor, unas veces sólo les da valor el motivo de su muerte, y otras la causa y la vida juntamente. Sin duda alguna, es maravillosa una muerte avalada por toda una vida; todavía más la provocada por una causa suprema; y por encima de todo, la muerte que corona la vida y la causa de su sacrificio.
2. Vale mucho a los ojos del Señor la muerte de sus santos. Tres cosas hacen santo a un hombre: la sobriedad de la vida, la rectitud de sus acciones y el fervor de espíritu. Una conducta sobria nos pide vivir en continencia, disponibles hacia los demás y obedientes; o en otras palabras, castos, caritativos y humildes. No olvidemos que la castidad es fruto de la continencia, la caridad de la disponibilidad, y la humildad de la obediencia. Y esa virtud hace que el alma se someta plenamente a Dios y viva segura a la sombra de sus alas. 
 Y el espíritu es ferviente si nuestra fe nos da la experiencia de un Dios infinitamente poderoso, sabio y bueno. Y creemos que su poder conforta nuestra debilidad, su sabiduría suple nuestra ignorancia, y su bondad disuelve nuestra maldad.
 He aquí tres cosas que hacen admirable la muerte de los santos: su liberación de toda inquietud, el gozo de la nueva realidad y la certeza de la eternidad.  

RESUMEN
Tres cosas hacen santo a un hombre:
1. La sobriedad de su vida. Exige ser castos, caritativos y humildes.
2. La rectitud de sus acciones: tanto por lo que hacemos en la vida como por el motivo de la muerte.
3. El fervor del espíritu: la experiencia de un Dios infinitamente poderoso, sabio y bueno que nos hace anhelar una nueva realidad y la certeza de la eternidad. 

 

domingo, 8 de mayo de 2016

LA ESCUELA DEL AMOR


Estamos en la escuela de Cristo, y en ella recibimos una doble instrucción. Unas cosas nos las enseña directamente el único y verdadero Maestro, y otras a través de sus ministros. Estos nos educan en el temor, aquél en el amor. Por eso, al faltar el vino ordenó llenar de agua las tinajas y aún hoy, cuando escasea el amor, los ministros de Cristo llenan con el agua del temor esas otras tinajas que son las inteligencias. 
 Y está muy bien aplicada el agua como símbolo del temor, porque así como el agua apaga el fuego, también el temor apaga la pasión; y lo mismo que el agua lava las manchas del cuerpo, el temor limpia las del alma. Llenemos, pues, con esta agua las tinajas, es decir, nuestro espíritu, porque quien teme no comete negligencias. Y está realmente lleno el que no admite la más mínima indolencia.
 Pero el agua pesa, es decir, el temor lleva consigo la pena; por ello debemos acercarnos al que convierte el agua en vino, al que cambia el temor del castigo en temor puro, y así podremos escuchar su enseñanza sobre el amor. Vadla aquí: Esto os mando, que os améis unos a otros. Cual si dijera: "Os doy muchas normas a través de mis ministros, pero yo os encomiento ésta de manera especial". Y en otro momento añade: En esto reconocerán todos que sois mis discípulos, si os amáis unos a otros. En consecuencia, amémonos mutuamente y demostraremos que somos discípulos de la Verdad. 
 Este amor nos exige una triple atención, pues Dios es amor. Entreguémonos a él con todo empeño, para que nazca, crezca y se conserve. Nace cuando das de comer o beber al enemigo, porque así amontonarás carbones ardiendo sobre su cabeza. Los carbones ardiendo son las obras de caridad, que se arrojan sobre el diablo, cabecilla de todos los malvados. Y al desaparecer él, Dios, que es amor, nace en ellos como cabeza. 
 Crece cuando atiendes al que sufre necesidad, te ofreces al que te quiere contratar, y te desahogas con tu amigo. Se conserva si consientes al deseo de tus amigos, conversando con ellos o ayudándoles incluso en cosas innecesarias. Y se conserva y aumenta con un rostro amable, una palabra suave, una acción entusiasta. El rotro y las palabras muestran el amor, y lo confirman las obras buenas y llenas de gozo, porque obras son amores. 
RESUMEN
Cristo nos enseña con el amor. El amor es como el vino. Debemos favorecer que nazca, que crezca y se conserve. Nace cuando ayudas incluso a los que son tus enemigos. Crece cuando atiendes al que lo necesita. Se conserva cuando transmitimos amabilidad y entusiasmo. 
Cuando falta el amor, los ministros de Cristo recurren al temor. Es como el milagro de las tinajas donde el agua se mezcla con el vino. Pero ese agua ocasiona pena, aunque limpia las manchas y evita errores.
 Debemos intentar que nuestro amor tenga cada vez mayor proporción de vino y menos de agua. 

sábado, 30 de abril de 2016

TRES CONSIDERACIONES SOBRE LA ENCARNACIÓN

El misterio de la encarnación nos ofrece tres consideraciones: un ejemplo de humildad, una prueba de amor y un sacramento de redención. El ejemplo de humildad aparece en los sollozos del niño, en la cueva donde se cobija, en el pesebre donde reposa y en los pañales que lo envuelven. La prueba de amor es su muerte santa, pues nadie tiene amor mayor que quien da la vida por sus amigos. Y el sacramento de redención manifiesta el triple poder de Dios: hacer algo de la nada, renueva lo anticuado, y convierte lo temporal en eterno.

domingo, 20 de marzo de 2016

LOS TRES BROTES


1. Tus brotes son un paraíso. Así habla la Jerusalén celestial congratulándose con la que peregrina en la tierra. Tenemos tres brotes distintos. El primero son los casados que hacen penitencia en el mundo; el segundo los que viven en el claustro con espíritu de conversión y de continencia; y el tercero los prelados, cuya misión es predicar y orar por el pueblo de Dios.
 Del primer brote, la penitencia, dicen los ángeles -esos ángeles que sienten tanta alegría por un solo pecador que se convierte: ¿Quién es esa que sube por el desierto como columna de humo, como nube de incienso y de mirra y perfumes de mercaderes? Nos dicen que el alma penitente sube por el desierto, es decir, por una tierra intransitable y reseca, porque recuerda sus pecados. Y sube como columna de humo, confesando humildemente esos pecados. Esta confesión se compara con razón a la columna de humo, porque emana de las múltiples especies de pecados, como el humo sale del incensario por distintos orificios. También podemos subrayar que el humo nunca tiene fulgor, pero sí suele despedir olor. Y ese humo de la confesión despide cierto aroma de piedad: así lo insinúa el texto siguiente: Es una nube aromática de mirra e incienso y perfumes de mercaderes. 
 La confesión debe ir siempre acompañada de mirra e incienso, símbolos de la mortificación  corporal y de la oración del corazón. La una sin la otra aprovechan muy poco o nada. Quien castiga la carne olvidando la oración es un orgulloso, y se le dice: ¿Como yo carne de toros o bebo sangre de cabritos? Y al contrario, el que ora y no se cuida de dominar su carne tendrá que oír: ¿Por qué me invocáis: Señor, Señor, y no hacéis lo que digo? O aquello otro: Si uno cierra los oídos a la ley, hasta su oración será aborrecible. Es, pues, evidente que ambas se complementan, ya que si van separadas se las rechaza.
2. El texto sigue así: Y todos los perfumes de los mercaderes. Al recuerdo y confesión de los pecados, y a la mortificación y oración debe añadirse el fruto de la limosna. Esta es con razón como el polvo, porque se realiza con los bienes terrenos; y es un polvo perfumado porque de ella emana un aroma muy delicado. He aquí por qué el ángel dice a Cornelio, que hacia muchas limosnas: Tus oraciones y tus limosnas han llegado hasta Dios y las tiene presentes. Si las limosnas no exhalaran un aroma agradable no llegarían en modo alguno hasta Dios. 
 O tal vez se diga: todos los perfumes de los mercaderes, para indicar que no sólo los pecados más graves, sino también los leves deben ser triturados en la confesión y lavados con la compunción. Y baste esto sobre el primer brote. 
3.El segundo es la vida de continencia, tal como se practica en el claustro o en la soledad. Aquí no se menciona el desierto, el humo o la penitencia, sino el resplandor de la luz y de la virtud. Las voces angélicas lo ensalzan así: ¿Quién es esa que se asoma como el alba, hermosa como la luna y límpida como el sol, terrible como escuadrón a banderas desplegadas? Estas palabras nos indican sus tres virtudes pecualiares: la humildad, la castidad y la caridad.
 La aurora, en efecto, es el fin de la noche y el comienzo del día. La noche indica la vida del pecador, y la luz, la del justo. La aurora que disipa las tinieblas y anuncia el día significa muy bien la humildad, porque si aquella separa el día de la noche, ésta hace lo mismo entre el justo y el pecador. En realidad es a partir de aquí, de la humildad, de donde se comienza a ser justo y a progresar en la justicia. Por eso se le llama también "alaba que se levanta" porque todo el edificio de las virtudes arranca de la humildad, como de su verdadero cimiento. Y en consecuencia, al querer indicar su humildad se dice: como alba que se levanta.
 La expresión siguiente: hermosa como la luna, pone de relieve la castidad. Se dice que la luna no tiene luz propia, sino que la recibe del sol, y que cuanto más enfrente está del sol, mayor es la superficie que se ilumina con su resplandor. Lo mismo sucede en las comunidades religiosas o en cualquier alma fiel: si se acerca por la contemplación a las miradas del Sol verdadero, pronto recibirá de esa visión el reflejo de su belleza y la gracia de su castidad. Con este resplandor crecerá y progresará hasta conseguir la perfección, y se podrá decir con toda la verdad lo que sigue:
4. Límpida como el sol. ¿Por qué como el sol? ¿Tal vez porque los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre? ¿Pero de dónde brillarán allí como el sol, sino del resplandor del vestido nupcial? Ese vestido debían recibir los que aún vivían en la tierra y se les dijo: Vosotros permaneced en la ciudad hasta que de lo alto os revistan de fuerza. Quien se cubra con este vestido nupcial -símbolo de la caridad-y lo tenga perfectamente organizado en su vida, será para sus enemigos tan terribles como un ejército en orden de batalla. A los demonios no les importa que tenga otras muchas virtudes, si carece de la caridad. Pero cuando observan su caridad y la ven dispuesta para el combate, se lanzan desesperados a la fuga.
 También puede aplicarse la imagen límpida como el sol a la perseverancia, propia de los elegidos. Y la expresión siguiente: terrible como un ejército en orden de batalla, puede significar la discreción, madre de las virtudes, que aterra y pone en fuga a los demonios y alcanza y conserva las virtudes. Podemos imaginar y decir otras muchas cosas sobre este segundo brote. Baste esto poco que hemos dicho. 
5. El tercer brote se aplica a los predicadores santos, cuya vida y doctrina suscitan ese grito de admiración: ¿quién es ese que sube del desierto, rebosante de delicias y apoyada en su amado? Del primer brote se decía: ¿Quién es esta que sube por el desierto?Y aquí se dice: que sube del desierto. Allí los penitentes sienten cómo se les clavan las espinas al caminar, y los doctores, en cambio, han pisoteado ya con su grandeza de espíritu lo que pudieron sacar del mundo. Por eso el texto dice: del desierto.
 Pero debemos averiguar cuáles son esas delicias de que está rebosante, y quién es ese amado o por qué se dice que se apoya en él. No podemos menospreciar lo que los ciudadanos celestiales llaman delicias. Porque sin duda alguna son delicias para la mente y no para el vientre, para el alma y no para el cuerpo, para el espíritu y no para la carne, para la razón y no para la sensualidad, para el hombre interior y no para el exterior. En una palabra, son la efusión desbordante de la gracia espiritual. 
 Dichosa el alma a quien se infunde esa gracia y a quien le preparan con las bendiciones de la suprema dulzura, para ser templo de Dios y oráculo del Espíritu Santo A esa alma nunca le faltarán las riquezas de la salvación, que son la sabiduría y la ciencia, y lo qaue constituye el mejor tesoro de esa salvación, el temor del Señor. Cuando se vea llena y rebosante de esas delicias, aclame al Señor en la asamblea del pueblo y alábelo en el consejo de los ancianos. Lo que oyó al oído en la alcoba pregónelo desde las azoteas, y así rebosará de delicias. Rebosar quiere decir entregarse a la Palabra y a la enseñanza, iluminar con el ejemplo de la vida y ejercer con perseverancia el ministerio espiritual.
6. Pero es necesario que en todo esto no busque su propia gloria, sino la de su Creador. Porque él es su amado y de él dice la Escritura: Yo para mi amado y mi amado para mí. Y el Padre añade: Este es mi Hijo amado, oídle. En él hay que apoyarse, es decir, atribuir todas las obras al auxilio de su gracia, porque él es el origen, la causa eficaz y la meta de todo. Este mismo amado que instruye al hombre nos hará comprender por qué debemos apoyarnos en él. Recordad qué dijo a sus discípulos cuando los llenaba de sus dones: Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; si un sarmiento no está unido a la vid, no puede dar fruto; así tampoco vosotros, si no estáis unidos a mi. Y aquello otro: Sin mi no podéis hacer nada. Es decir, "si queréis estar llenos de delicias, apoyaos en mi".
 Pero veamos cómo se apoyan y rebosan estos hombres. Escojamos a uno de ellos, al predicador más famoso. Vamos, tú, Pablo, desborda tus delicias. Cuando predicabas el Evangelio desde Jerusalén y sus alredeadores hasta Iliria; cuando ofrecías gratuitamente la buena noticia; cuando distribuías, cual fiel administrador, los tesoros celestes y el misterio de la fe a griegos y extranjeros, a instruidos e ignorantes; cuando manifestabas abiertamente en tu cuerpo el suplicio de la cruz; entre los numerosos y admirables prodigios que realizaste y nos es imposible enumerar, te atreviste a decir con plena seguridad y sin arrogancia, apues te tenías por el más insignificante de los apóstoles: La gracia de Dios no ha sido estéril en mi, sino que he trabajado más que todos ellos. 
 Qué delicias tan magníficas, por no decir tan deliciosas. Pero no las pierdas, y para ello apóyate en tu amado y di: Pero no soy yo, sino la gracia de Dios conmigo. Y ahora vuelve a desbordarte, porque realmente esas lelicias son exquisitas. Repitemos: Soy capaz de todo, y vuelve a apoyarte bien: Con aquel que me robustece. Y al final concluye: Quien presume, que presuma del Señor, es decir, el que desborda de delicias apóyese en su amado. 
7. Con la ayuda del Señor he dicho esto sobre los tres brotes y su aplicación a las tres clases de hombres que viven ahora en la Iglesia, y que el profeta Ezequiel identifica con Noé, Daniel y Job. Lo que no obstga que las podamos encontrar en cada hombre que tiende a la perfección. En éstos el primer brote es la penitencia, el segundo la honestidad, y la enseñanza el tercero. Primeramente se convierten y hacen penitencia; después practican la justicia con su vida honesta; y en tercer lugar, y tras un largo progreso, comunican con su palabra la honestidad de la vida.
 Pero el vicio acecha siempre a la virtud y está muy ceraca de ella para cazar en sus trampas a los qaue se desvían. Por eso conviene que la penitencia esté liberada de todo pudor, y no se ruborice confesar los pecados cometidos; la honestidad evite toda simulación, y la autoridad rechace el orgullo. Porque cuanto mayores son las gracias mayores son los riesgos. 
RESUMEN
El profeta Ezequiel identifica tres tipos de hombres que viven en la Iglesia. Podemos denominarlos como tres brotes e identificarlos cada uno con un personaje bíblico. 
-Primer Brote: lo identificamos con Noé. Los casados que hacen penitencia en el mundo.
La penitencia es como humo que sale por múltiples orificios. Debe ir acompañada la oración del cambio de actitud y hechos palpables. Una sin otra carecen de sentido. Cambiar de actitud sin orar es pura soberbia. La oración sin hechos es un acto absurdo. Igualmente debe ir acompañada de la limosna. 
-Segundo Brote: lo identificamos con el profeta Daniel. Se caracteriza por la luz y la virtud; es la vida de continencia basada en la humildad y la castidad. Podemos comparar a la humildad como la línea que separa la noche y el día. Sobre ella se sustentan las demás virtudes. La castidad es como la luz que producida por el sol, es reflejada por la luna. Está lleno de caridad, perseverancia y discreción. 
-Tercer Brote: lo identificamos con Job. Son los predicadores que ya han atravesado las penalidades del desierto y nos transmiten su mensaje. Pero han de hacerlo olvidando toda vanagloria, sintiéndose unidos al Señor y que todo lo hacen por y par Él.
-Pero en realidad las tres fases pueden darse en cada uno de nosotros. La penitencia continua, liberada de todo pudor nos ayudará para no caer fácilmente en la prepotencia. 

BIBLIOGRAFÍA

Obras Completas de San Bernardo. Tomo VI. Sermones varios. Madrid 1988. Editorial Católica. Biblioteca de Autores Cristianos.

domingo, 21 de febrero de 2016

TRES SECRETOS


Purifícame, Señor, de mis pecados secretos y perdona a tu siervo los ajenos. Estos pecados secretos son tres: el acto ilícito, la intención falsa y el afecto impuro. La obra mala mancha la memoria; la intención falsa, la razón o la mente; y el afecto impuro, la voluntad. La memoria se purifica con la confesión, la mente con la lectura, y el afecto o voluntad con la oración. 
  Estarás limpio de los ajenos si no insultas, si no te alejas, si no consientes y si no disimulas. La justicia exige no consentir y resistir con firmeza; la fortaleza, no abandonarte y tolerar con paciencia los defectos del prójimo; la templanza, no insultarle y compadecerse de él con mansedumbre; y la prudencia nos pide no disimular, sino procurar con todo empeño que desaparezca el mal. 

RESUMEN
Acto ilícito............Mancha la memoria................Confesión

Intención falsa......Afecta a la razón.....................Lectura

Afecto impuro......Afecta a la voluntad................Oración 


 

viernes, 6 de noviembre de 2015

ELÍAS HUYE DE JEZABEL

                                                   Jezabel
1. Elías temió a Jezabel y, levantándose, marchó adonde le llevara su voluntad. Llegó a Berseba de Judá, dejó allí a su criado y continuó por el desierto. Al final se sentó bajo una retama, se tumbó y se durmió. De pronto un ángel del Señor le tocó y le dijo: ¡Levántate, come! El miró y vio a su cabecera un pan cocido sobre piedras y un jarro de agua. Comió, bebió y con la fuerza de aquel alimento caminó cuaenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios.
                                                 Elías
 En la persona de Elías, cuyo nombre significa "el Señor", o "el Señor es fuerte, debemos ver cualquier justo perseguido por causa de la justiciaa. Recordemos aquel otro texto: dichosos los que son perseguidos a causa de la justicia. El que teme a Jezabel, es decir, a la malicia del mundo o tiranía del diablo, se levanta del ambiente pecaminoso y marcha a donde le lleva la voluntad que el Señor le sugieres. Y llega a Berseba de Judá, a la santa Iglesia, que lleva el nombre de Berseba o "séptimo pozo", porque en ella abunda la gracia del Espíritu con sus siete dones, y la reparte entre sus fieles; o también puede significar "pozo de a saciedad" por la profundidad de los misterios de Dios y el alimento de las santas Escrituras. Sobre esta profundidad nos dicen los salmos: Oscuro aguaceero y nubes espesas, y tus juicios son un océano inmenso. El Apóstol se estremece a considerar ese abismo, y totalmente agotado de temor no puede menos de exclamar: ¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de conocimiento de Dios!
2. De esta saciedad puedes ler en otros salmos: Me conduces hacia fuentes tranquilas, y se nutren de la enjundia de tu casa. Es na embriaguez que, en lugar de causar molestias, despierta un insaciable apetito de numerosos deseos. En ese ocèano de la lectura divina anda el cordeo y nada el elefante. En la mesa de la doctrina católica cada uno encuentra manjares suficientes según la capacidad de su inteligencia. Aquí está el jardín de las delicias y el huerto de toda clase de frutos. 
 Así pues, quien viene a Berseba, que como hemos dicho simboli la Iglesia santa, corre a la confesión -eso significa Judá- y deja allí a su criado que es su espíritu infantil o la fragilidad de sus acciones anteriores; y se interna en el desierto, es decir en el desprecio de este mundo. Una vez allí, se sienta o descansa de la confusión del mundo y canta como el profeta: Este será mi reposo para siempre. Se echa en el suelo, o sea, se considera muy despreciable y renuncia a sus propios deseos, como dice el Evangelio: El que quiera venirse conmigo niéguese a sí mismo. Después se duerme a la sombra de una retama, pues en los atrios de la csa del Señor, los cinco sentidos de su cuerpo quedan plenamente liberados de su maldad, y dice como el Salmista: En paz me acuesto y en seguida me duermo.
 En ese momento le toca la visión angélica y le anima a practicar el bien y subir más alto. Mira a su cabeza, es decir, a Cristo, que es la cabeza de la Iglesia, y ve allí un pan asado a la braza; es el alimento de la dotrina divina, que externamente parece áspero, pero cuyo meollo contiene una fuerza y dulzura inefables; y junto al pan un jarro de agua, la fuente de las lágrimas o compunción de corazón. Come y bebe, esto es, cumple lo que oye; y camina con esas energías hasta el monte de Dios, hasta la cumbre de la felicidad.
RESUMEN
Veamos la simbología aquí expresada:
-Elías: cualquier justo perseguido por causa de la justicia.
-Jezabel: la malicia del mundo o tiranía del diablo.
-Berseba de Judá: la santa Iglesia. Allí se obtiene la saciedad por los alimentos de las santas Escrituras.
-Judá: la confesión.
-Criado: el espíritu infantil o la fragilidad de sus acciones anteriores. 
-Desierto: el desprecio de este mundo. 
-Echarse en el suelo: considerarse muy despreciable y renunciar a sus propios deseos. 
-Dormirse a la sombra de una retama: los cinco sentidos quedan plenamente liberados de su maldad. 
-Pan asado a la brasa: alimento de la doctrina divina.
-Jarro de agua: la fuente de las lágrimas o compunción del corazón.
-Comer y beber: cumplir lo que oye.
-Monte de Dios: la cumbre de la felicidad.

jueves, 10 de septiembre de 2015

LA TRIPLE VIGILANCIA: DE LAS MANOS, DE LA LENGUA Y DEL CORAZÓN


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1. Todos nos quejamos de no sentir el apoyo de la gracia. Pero es ella quien tiene que lamentarse, con más razón, de su ineficacia en algunos de nosotros. Porque la gracia de la devoción que buscamos, depende del corazón; y quien no le ofrece una acogida ferviente se priva de ese don. Ahora bien, ¿es posible la guarda del corazón sin ser moderado en las palabras y solícito en la obras? No se extrañe pues, si no alcanza la meta quien no ha dado los primeros pasos, ni el que cree que ha comenzado, si no ha llegado a la mitad del camino,. El hombre que vive en el mundo  hace mucho con tener las manos limpias. Para el monje, en cambio, eso es muy poco; y es indigno de él no evitar toda clase de contactos con el mal. 
 A nosotros se nos pide tener las manos más limpias de toda falta, y más colmada de justicia que ellos. A ellos se les dice: Huid la fornicación y el que robaba ya no robe. Y otras cosas semejantes. Porque quienes tales cosas hacen no heredarán el reino de Dios. ¿Debemos temer nosotros tal inmundicia en las obras y tan grave impureza en las manos? Cuanto más limpias están las manos tanto más resalta en ellas la menor mancha. Y el vestido lujoso desluce con la más pequeña mácula. Así ocurre con nosotros: una simple desobediencia es ya una mancha. Y la negligencia en nuestros actos o en los preceptos menos importantes, no es una pequeña imperfeccion, sino una falta muy grave. 
 Esta atención sobre nuestras acciones se practica en los comienzos de la conversión. Tenemos entonces un poco de luz, aunque no mucha, como tal vez algunos puedan pensar, pues la Verdad nos dice: Cuando hiciereis estas cosas que os están mandadas, decid: somos siervos inútiles; lo que teníamos que hacer lo hicimos. Me dirás que aquí se trata de un consejo de humildad. Es cierto: de humildad. ¿Pero va acaso contra la verdad? Porque si somos inteligentes en el ejercicio de nuestro deber, ninguna persona sensata llamará la atención al que se cuela un mosquito si ve que se trata un camello. 
2.Una vez limpias las manos, no por ello se llega inmediatamente al corazón. Es preciso purificar los labios con una atención y solicitud particular. Y si dices: "Son muy pocos los que hablan como se debe" por eso mismo comprenderás cuán rara res la perfección cuando es tan difícil encontrar personas iniciadas en ella. ¿Quién es capaz de enumenar la cantidad de mezquindades que comete un miembro tan pequeño como la lengua? ¿Cuánta inmndicia no acumulan los labios impuros? ¿Cuánta maldad no profiere una boca indiscreta?
 Hay lenguas disolutas, volcadas en conversaciones inútiles, lenguas deshonestas, y lenguas jactanciosas. Las primeras son esclavas del placer y las otras de la arrogancia. También existe la lengua engañosa y maldiciente: la primera se subdivide en mentirosa y aduladora, y la segunda lo mismo injuria a la cara como difama a la espalda. Si los hombres habrán de dar cuenta en el día del juicio de toda palabra ociosa que profieren, ¿cuánto más rigurosa será la sentencia de la palabra mentirosa, mordaz e injuriosa, de la arrogante y lasciva, de la que calumnia y difama?
3. ¡Que verdad encierra aquella sentencia, hermanos: En el mucho hablar no falta el pecado! Prescindo aquí de otras razones; si una palabra es inútil cuando no tiene causa justificante, ¿cómo justificaremos la que va contra toda justificación? Ninguno de vosotros, hermanos, tome a la ligera el tiempo empleado en conversaciones ociosas; estamos en el tiempo favorable y en el día de la salvación. Las palabras vuelan irremediablemente; el tiempo vuela y no vuelve. Y el insensato no se da cuenta de lo que pierde. "¡Que bien se pasa el tiempo charlando!" suele decirse. "¡Pasar las horas!". "¡Pasar el tiempo y las horas...!Tu misericordioso creador te lo concede para hacer penitencia, para alcanzar el perdón, para conseguir la gracia y merecer la gloria.
 "¿Pasar el tiempo?" Debes recuperar con él la benevoencia divina, volar hacia la comunión de los ángeles, suspirar por la herencia perdida, ansiar la felicidad prometida, despertar la voluntad dormida y llorar la maldad cometida. ¿Es que hacen eso los agricultores cuando les llega el tiempo tan esperado de la sementera, o los viñadores en la campaña tan ansiada de la poda? ¿Es que prefieren entonces encontrar otras ocupaciones, para así, sin escrúpulo alguno, pasar alegremente los días sin trabajar? ¿Acaso cuando llegan las ferias, se retrasan los comerciantes y buscan pretextos para no hacer un buen negocio? ¿Qué hacen los pobres mendigos cuando, tras muchos ruegos, aparece el generoso limosnero? ¿Se distraen en otras cosas? ¿Ceden el puesto a otros compañeros o se retiran a os rincones vacíos y ocultos de las plazas?
4.El primer grado es obedecer con gusto. El hombre está pervertido desde su juventud, y todos siguen los caprichos de su perverso corazón. Desde su primera transgresión, el hombre siente un amor innato a su voluntad propia; está abandonando la voluntad del creador, se convirtió ella misma en esclava por intentar ser independiente. Esto quiere decir que es muy difícil dejar su voluntad, someterse a la de otro. Más, por muy penoso que sea, es imposible subir el primer grado de la obediencia sin hacer nuestra la voluntad del que manda.
 El justo se gloría se alabar a Dios voluntariamente y dice: te ofrecereé un sacrificio voluntario. Sólo, pues, la voluntad embellece y da valor a las obras; y sin ella no se hace nada bueno, aunque lo parezca. Así pues, recíbanse con la voluntad los mandatos de los superiores y evítese que el corazón haga reflexiones personales; hasta llegar a sacrificar la voluntad propia y amar el precepto del superior. Obedecer con gusto es cumplir de manera voluntaria la voluntad de los superiores.
5. No temas afirmar que esta lengua es màs cruel que aquella lanza que atravesò el costado del Salvador. Porque esta desgarra el cuerpo de Cristo y sus miembros. Y no hiere un cuerpo exánime, sino que lo mata al clavarse en él. Es más cruel que las espinas clavadas por la saña de los soldados en aquella adorable cabeza. Y màs que aquellos clavos con que los judíos, en su refinada maldad, atravesaron aquellas manos y pies santísimos. Si él no hubiera preferido la vida de este cuerpo, que ahora es herido y desgarrado, a la del suyo propio, jamás lo hubiera entregado a la injuria de la muerte y a la ignominia de la cruz.
 Y a pesar de ello seguimos diciendo: ¡Es tan ligera la palabra ! ¡La lengua no es màs que un pedazo de carne tierna y suave! ¿Qué persona sensata le da importancia? Sí. La palabra es bien poca cosa. Corre veloz; pero sus heridas son muy graves. Pasa con suavidad, pero abrasa sin compasión. Penetra fácilmente en el alma, pero sale con dificultad. Se pronuncia sin esfuerzo, pero es imposible volverla a recoger. Vuela ligera, pero por eso mismo viola rápidamente la caridad. Una mosca muerta no vale nada, pero estropea el ungüento del perfume. La lengua es un miembro frágil, pero apenas se la puede dominar. Materialmente dèbil y pequeña, pero de un poder y eficacia enorme. Es un órgano muy pequeño, pero si te descuidas es el peor de todos. Es fina y aplanada: y el medio por excelencia para vaciar el corazón, como me lo habéis confesado muchos de vosotros. Como no somos perfectos, después de una larga conversación sentimos nuestro espíritu vacío, la meditación menos devota, el afecto más árido y el holocausto de la oración menos fecundo. La causa de ello son las palabras que hemos dicho u oído. Al fin, palabras.
6. La lengua se desliza con facilidad, pero penetra insensiblemente en el corazón, Por eso hay tantos que aprovechan muy poco: refrenan la suya mas no se previenen de la ajena. Ese hermano que te habla es, sin duda, muy útil, prudente, observante y temeroso de Dios. Más aún: es un ángel, y un ángel de luz. A pesar de todo ten cuidado, no oigas lo que te pueda hacer daño, no quiero que sospeches de nadie, pero desconfía de la lengua, sobre todo cuando hay muchas personas juntas. La sencillez de la paloma nos encanta, pero no olvides la prudencia de la serpiente. María examinó las palabras del Ángel y discurría qué podría significar aquel saludo. Haz tu lo mismo, que sabes por tu continua experiencia cuánto dañan las palabras. No creas que te tienen por apocado si te muestras comedido en el hablar cuando debes participar en los diàlogos y en la escucha ni os extrañeis que nos detengamos tanto en este grado propio de los proficientes, porque son más numerosos que los perfectos. 
7. Tal vez parezca que me excedo reprendiendo el uso de la palabra. Tened en cuenta que es la lengua la que habla contra los vicios de la lengua. Merece toda la disculpa: no se perdona a sí misma y amonesta a los oyentes de sus propios peligros. Las palabras son viento pero no siempre son un viento abrazador. Levántate, cierzo, ven, también tú, austro; oread mi jardín, que exhala sus aromas. 
 Grandes son, en efecto, las ventajas de la palabra; y muy abundantes y fecundos sus frutos. El justo vive de la fe y la fe proce de la escucha y ésta viene de la Palabra de Dios. ¿Puede vivir el que no cree? ¿Y puede creer sin oír? ¿Y puede oír si no se le predica? Debemos prestarle, pues, gran atención y vigilancia, porque según la Escritura la muerte y la vida están en el poder de la lengua. Si solamente nos diera vida, no tendríamos por qué reprimirla; si sólo muerte, deberíamos amputarla. Pongamos un guardia a nuestra boca y un centinela a la puerta de nuestros labios para que no estén herméticamente cerrados a lo que nos proporciona la vida, ni salga libremente de ellos el veneno mortal. Vigilemos, por tanto, hermanos, nuestras obras, pra no omitir lo que se nos manda, ni hacer lo que se nos prohibe.
 El Profeta nos exhorta a esta doble vigilancia cuando dice: Apártate del mal y haz el bien. Y vigilemos nuestras palabras para no ofender con ellas a Dios ni dañar al prójimo. Dichoso quien, al hablar, teme siempre ambas cosas  presta atención a ambos oyentes: a la majestad divina, porque es terrible caer en sus manos; y a la fragilidad fraterna que se puede escandalizar fácilmente. 
8. Creo, sin embargo, que no es todavía perfecto quien evite los pecados de la lengua, a no ser que lo comparemos con el que solamente entiende a sus obras. La Verdad misma habla en el Evangelio de los siervos que velan esperando al Señor, y dice: Si llegas a la tercera vigilia, y los encuentras así, dichosos ellos. Observa que esto no se dice de la primera ni de la segunda vigilia. Es la vigilia del corazón, sobre la cual insiste de manera especial el Sabio, porque es el manantial de la vida. Y a mi parecer, lleva consigo dos cosas: que el espíritu guarde con mucha atención la grey de sus afectos y sus pensamientos  con razón merece la máxima solicitud, ya que de él proceden las otras dos. Al menos que, líbrenos Dios, se realicen por puro fingimiento y sólo tengan las apariencias de piedad y no la virtud. Los manantiales de las fuentes deben llenarse ellos mismos, para poder elevarse, rebosar y llenar otros recipientes. Lo mismo sucede al hombre: mientras no consiga el perfecto dominio de las manos y de la lengua, no puede dedicarse a perfección ni saborear el sosiego gozoso de la devoción, ni remontarse a las alturas de la contemplación divina. 
 Ea, hermanos, si buscamos la gracia de la visita celeste, busquémosla así. Si deseamos recibir los consuelos espirituales, pidámoslos así. si ansiamos que se nos abra el cielo, llamos así. En una palabra: vigilemos de esta manera si queremos entrar en las bodas con el esposo Jesucristo nuestro señor, que es bendito por los siglos. Amén. 
RESUMEN
El monje no debe contentarse con evitar los grandes males, sino que debe evitar la menor mancha. Empezará por limpiar sus manos. Luego la lengua, los labios. Debemos utilizar el tiempo en beneficio de nuestra espiritualidad. Aprender a obedecer y renunciar a la propia voluntad. La lengua es muy peligrosa y volátil. Podemos compararla a la lanza que atravesó el costado de Cristo. Es un arma peligrosa por donde se expresa el corazón y a la que debemos poner centinelas. Sólo cuando dominamos las manos y la lengua, nos acercamos a la auténtica gracia de Cristo. Es la tercera vigilia. La vigilia del corazón. 

viernes, 24 de julio de 2015

EN EL ANIVERSARIO DE SAN ANDRÉS: SOBRE LAS TRES CLASES DE BIENES

1. Hermanos míos, deberíamos tener una atención más constante y una solicitud más viva sobre nuestros pensamientos. Sobre los nuestros, insisto, a los que proveemos sin cesar de materia inagotable para meditar. día y noche se nos cantan y proclaman los textos de los profetas, evangelistas y apóstoles, que unas veces nos conminan con las penas del infierno y otras nos prometen la gloria del reino, ¿de dónde pues, nos vienen esos pensamientos tan vanos nocivos y obscenos? Nos atormentan de tal modo con la impureza o la arrogancia, la soberbia, la ambición o las demás pasiones, que apenas tenemos un momento de calma para entregarnos a una piadosa reflexión. Con razón se dice que las almas del purgatorio me rodean continuamente por parajes de fangos y lodo, y que se deleiten en vivir ahí con el pensamiento. ¿Hay de nosotros, por el sopor, tedio, de nuestro corazón preferimos enfrascarnos en esta vanidad vanidades en vez de lanzarnos inmediatamente a los bienes del Señor, sea éstos naturales, espirituales o eternos, los bienes naturales, sin duda, son grandes; pero los espirituales son aún mayores, y los eternos incomparables. Por los primeros nos sustentamos, con los otros nos educamos y con los últimos alcanzamos nuestra plenitud y felicidad. Si no puedes clavar el ojo de tu meditación en aquellos bienes sublimes eternos porque son inmutables e inacesibles, vuelva la vista a los bienes de la gracia, que se hayan en el ejercicio de las virtudes. Y comprenderás cuanta pureza de conciencia y cuanta libertad posee quien vive y se entrega a la castidad, la caridad, la paciencia, la humildad y las demás virtudes. Le hacen amable a los ojos de Dios apacible e imitable ante los hombres. Más si también estos son demasiado sublimes superarán tus fuerzas, baja tu mirada a los bienes naturales, que deben ser en ti tan familiares como tu mismo lo eres para ti. Los llamamos bienes de la naturaleza, no porque no procedan también de gracia, sino porque fueran, por así decir, plantados e injertados en la naturaleza antes de ocurrir el pecado, y que infectó la persona y la naturaleza. Desde aquella herida ya no están a nuestro alcance, aunque con otra razón en nuestra sensibilidad los percibimos muchas veces en nosotros y cerca de nosotros. Y como estamos hechos de alma y cuerpo, sigamos el consejo del Apóstol y comencemos por la parte animal, ésto es, por los bienes del cuerpo, para que no sea primero la espiritual, sino la animal.
2. Todos los bienes del cuerpo y lo único que debemos procurarles se resumen en la salud. Fuera de ésto nada más debemos darle ni buscarle; y dentro de estos límites debemos sujetarlos y disciplinarlos, ya que no dan ningún fruto y están destinados a la muerte. Aquí existe una trampa que no quiero que desconozcais. El deleite pone acechanzas a la salud, y lo hace con una malicia tan sutil que aquella apenas nos advierte ni lo impide. Ahora bien, servir el placer no a la salud, ya no es estar a nivel de la naturaleza, sino por debajo de ella; al dejarse guiar por el deleite colabora con la muerte. Por esta razón algunos descienden, mejor dicho, caen en arrebatos tan bestiales que prefieren el placer a la salud, se revuelcan continuamente en él, aunque saben que acarrea enfermedades agudísimas e incurables.
 Si lo propio del cuerpo es la salud, lo del corazón es la pureza. Un ojo turbado es incapaz de ver a Dios; y el corazón humano ha sido creado precisamente para contemplar a su Creador. Si la salud corporal nos exige tanta atención, mucho más debemos cuidar la pureza del corazón, convencidos de que esta es más digna que aquella. al hablar aquí de las purezas nos referimos a esa actitud pura y humilde de manifestar al Señor todas nuestras obras en la oración, y al hombre en la confesión: Dije, confesaré al señor mi culpa, y tú perdonaste la impiedad de mi pecado.
3. Y cuanto somos animales sociables, pasemos de nuestras realidades interiores a aquellas que nos rodean, para vivir en paz con todos los hombres, en la medida de lo posible y en cuanto está de nuestra parte. De hecho,la ley natural de toda sociedad consite en no hacer a los demás lo que no queremos que hagan a nosotros y procurar a ls demás lo que queremos para nosotros. según eso, a nuestro cuerpo le debemos dar la salud, al corazón la pureza y al hermano la paz.
 Pensemos también en las almas santas que volaron de la cárcel de esta mortalidad a los gozos celestes. Nuestro primer deber para con ellos es la imititación: eran débiles como nosotros y nos enseñaron el sendero de la vida, recorriéndolos infatigables hasta el final Y a aquellas otras que no vivieron con tanta santidad ni hicieron una penitencia tan completa les debemos compasión, por la solidadridad de nuestra misma naturaleza. Que el Padre bondadoso las limpie de toda escoria, cmabie sus penas eng gracias y las haga partícipes de los gozos de la viudad bienaventurada.
 Si los toros cuando encuentran otro toro muerto lloran, mugen y le rinden ese homenaje fraterno, movidos por una especie de humanismo, ¿què deerà hacer un hombre por su semejante, iluminado por la razón e impulsado por el afecto? En una palabra: debemos imitar a los santos y compadecernos de los que son menos santos; ser sensibles al ejmplo de unos y al gemido de los otros.
4. De los ángeles santos debemos implorar su auxilio desde lo más hondo del corazón y con abundantes lágrimas; que presenten nuestras súplicas a la majestad suprema y nos alcancen la gracia: son espíritus en servicio activo, enviados en nuestra ayuda para heredar la salvación.
 Y al Señor de todas las cosas pidámoles piedad: si su naturaleza es la bondad y sólo sabe compadecerse y perdonar, en lugar de fijarse en la multitud de nuestros pecados, nos perdone por su infinita misericordia. A él le debemos amor y sumisión en espíritu de reverencia y humildad. amor porque nos ha creado y nos ha colmado de beneficios; y sumisión porque es muy superior a nosotros y así nos lo manda él, el terrible en sus proezas en favor de los hombres. 
 Por lo tanto, al cuerpo le debemos la salud, al corazón la pureza, al hermano la paz, a los santos la imitación y a los difuntos la compasión. Del ángel debemos implorar auxilio y de Dios piedad. Todo esto lo debemos obtener y buscar en el arca de los bienes naturales. Y no olvidemos que después de cumplir lo que está mandado y permitido a nuestra naturaleza, somos unos siervos inútiles que hacemos lo que tenemos que hacer. Nunca o casi nunca reciben los hombres un precepto que supere los límites y posibilidades de la naturaleza Con estos bienes, como dije antes, nos renovamos y volvemos en cierto modo a nuestro primer estado, porque recobramos la bondad original de nuestra naturaleza y mantenemos la debida armoní con nosotros mismos, con los que están junto a nosotros y sobre nosotros. Todo esto se refiere a los bienes naturales. 
5. Los bienes espirituales por los que nos ejercitamos para tender a los eternos, son estos mismos-aunque vistos desde otra perspectiva-y otros muchos que sería muy prolijo enumerar. así, por ejemplo, en la disciplina espiritual no debemos buscar la salud del cuerpo, sino sumisión, mortificación y trabajo, según lo aconseja aquel hombre tan espiritual: Castigo mi cuerpo y lo someto a servidumbre.
 Tampoco a nuestro corazónle debemos únicamente la pureza antes citada, que nos lleva a confesar sencilla y humildemente los pecados. Debemos también vigilar de tal modo nuestras intenciones, pensamientos y obras, que nuestra vida sea fecunda y goce de buena reputación. que no fructifique para sí, sino para Dios; ni busque su propia gloria, sino la de su Padre, que está en los cielos.
 En este nuevo orden no nos contentamos con ofrecer la paz sólo a los hermanos, sino también constructores de paz con los que la odian; soportar a todos y no molestar a ninguno. Y a los difuntos no sólo les dedicamos nuestra compasión y oración, sino que también debemos alegrarnos con ellos apoyados en la esperanza. Los dolores que soportan en el purgatorio suscitan tristeza, sin duda alguna; pero con mayor razón debemos gozarnos de que muy pronto enjugará todas las lágrimas de sus ojos, y ya no habrá luto, ni llanto ni dolor, pues lo de antes ha pasado. 
 Tampoco debemos únicamene imitar a los santos, ni pedir sólo el auxilio de los ángeles, sino desear también con todo su ardor su presencia, vivir con ellos y contemplar esas columnas del cielo que sostienen la tierra, y en los cuales brilla y se refleja la imagen excelsa e infinita de la divinidad. Y el Señor, finalmente, no le pidamos únicamente misericordia, sino dirijamos hacia él todos nuestros afectos. Hasta llegar a amarnos por él y contemplar la gloria que todo lo crea y lo conserva, y a la cual aspiran todas las criaturas racionales.
6.He aquí los senderos del ejercicio espiritual; en ellos se dilata y se deleita el espíritu religioso; olvidando lo que queda atrás y lanzado a lo que está delante, es decir, a lo eterno, corre hacia el premio de la vocación celeste. 
 ¿No pasó por encima de la naturaleza el Apóstol San andrés, cuya fiesta hoy celebramos? escuchadle: Oh cruz buena, tanto tiempo deseada y dispuesta ya para saciar el deseo de mi espíritu! ¡Yo me acerco a ti, seguro y lleno de gozo! Es la voz de un hombre enajenado, que ha sido elevado de los bienes de la naturaleza a los de la gracia. Por ello, no sólo se siente orgulloso con la speranza, sino también conlas tribulaciones; y sale contento del Consejo por haber merecido sufrir ultrajes por causa de Jesús. No sólo corre con paciencia, sino con gusto y lleno de entusiasmo; va al tormento como si fuera el mayor honor, y sufrir le parece gozar.
7. Los bienes eternos son aquellos bienes que ni ojo vio, ni oído oyó, y nunca desaparecen de aquella patria que sólo conoce el gozo y el júbilo. allí no falta nada: es la abunancia que colma todos los deseos humanos. ¿Cuál es esa abundancia en la cual no existe lo que no quieres, y está todo cuanto quieres? Haya paz en tus muros, dice el Profeta a Jerusalén, y abundancia en tus torreones. En esas torres que, según otro Profeta, están levantadas las piedras preciosas, Dios nos saciará con la flor de harina y no ya con la corteza del sacramento. 
 Más nuestra gloria no sería total si tuviéramos todo, pero hubiera algo que se nos ocultara. No, nada estará oculto: la sabiduría saciará la curiosidad humana. ¡Oh Sabiduría, en la cual conoceremos perfectísimamente todo lo que existe en el cielo y en la tierra, porque beberemos en la fuente misma de la sabiduría el conocimiento de todas las cosas! Ya no temeré las sospechas ni las intrigas; aquella ciudad, me dice Juan, es como un vidrio trasparente; si a través del cristal vemos clarisímamente, también veremos con toda nitidez las conciencias ajenas.
 Pero ¿de qué vale tener y conocer todo, si existe el temor y la angustia de perderlo? No, no hay por qué temer; existe una potencia capaz de fortalecer la debilidad humana: ha puesto paz en tus fronteras y ha reforzado los cerrojos de tus puertas, de tal modo que ningún enemigo podrá entrar allí, ni amigo alguno podrá salir. Donde reina la abundancia plena, la sabiduría perfecta y el poder absoluto, creo que nada falta  a la plenitud de la felicidad, a la dicha suprema del hombre.
 Tales son los bienes de la naturaleza, de la gracia y de la gloria: la salud, la virtud y la eternidad. Meditemos y rumiémoslos, hermanos, y fieles al precepto de la Ley no cesemos nunca de rumiar, pues eso es vivir y en eso consiste la vida de nuestro espíritu. De esta manera la meditación santa nos conservará y podremos decir como alquel santo: El meditar de mi corazón esté siempre en tu presencia, Señor, roca mía y redentor mío.
RESUMEN
Nos asaltan todo tipo de pensamientos. Si no podemos recrearnos en los más sublimies, debemos hacerlo en el ejercicio de las virtudes. Si tampoco podemos ejercitar éstas, nos queda deleitarnos con la naturaleza beatífica de las cosas simples creadas a nuestro alrededor. 
 No debemos confundir el placer con la salud pues muchas veces son cosas contrarias. La pureza del corazón es más importante que la salud. Esa pureza se refiere a la oración continua.
 La propia ley natural nos impulsa a desear a los otros lo que deseamos para nosotros mismos y a sentir compasión. La razón, adicionalmente, nos ayuda a sentir los que otros padecen. A nuestro cuerpo le debemos la salud, al corazón la pureza y al hermano la paz, a los santos la imitación y a los difuntos la compasión. Del ángel debemos implorar auxilio y de Dios piedad. Todo esto lo debemos obtener y buscar en el arca de los bienes naturales.
 La vida espiritual se desarrolla en distintos ámbitos aunque el objetivo final es contemplar la gloria del creador con todos nuestros afectos. Por todo eso el apóstol San Andrés va al tormento lleno de gozo. Debemos desear y paladear esa plenitud y eternidad, degustar su sabor como si masticáramos una y otra vez ese manjar espiritual que nos llenará sin medida.